miércoles, 4 de mayo de 2011

PEDRO LUIS CANO Y FERNANDO CLEMOT EN LLIBRERIA CARRER MAJOR: VIERNES, 13 A LAS OCHO



El próximo día 13 de mayo Pedro Luis Cano y yo leeremos cuentos y poesías en la llibreria Carrer Major (carrer Major, 13. Santa Coloma de Gramanet) Os esperamos. Os adjunto un par de fragmentos de cuentos propios contenidos en el libro de cuentos que acabé hace poco "Safaris inolvidables", trozos que no sé si leeré aunque me gustaría hacerlo.




Fragmento de "Los clavos del santo"


En la isla de Krk murió en 1898 el último hombre que hablaba dálmata. Se llamaba Antonio Udina, “Tuone”, que así le llamaban en Krk, y tenía setenta años. Era barbero
y por eso también recibía el apelativo de “burbur”, barbero en croata, y curiosamente no murió de muerte natural si no que pisó una mina terrestre. Se conservan nociones directas de la lengua que murió con él porque en 1897 el lingüista Matteo Bartoli grabó varias conversaciones con Udina. Le costó a Antonio volver a hablar en dálmata, sólo conocía la lengua por vía materna y hacía más de veinte años que no la hablaba con nadie.
¿Qué debe pensar el último hablante de una lengua? En buena parte de los casos el individuo no debe ser consciente de su condición. Una lengua es un animal de larga vida y por término general vive unas treinta o cuarenta generaciones, cincuenta si le acompaña la suerte. Ninguna lengua muere de golpe, en el mundo de las lenguas no existen los accidentes cardiovasculares ni las muertes súbitas.

La extinción de una lengua es tan lenta y triste como la de una arboleda, tienen las lenguas una agonía de saurio, como los bosques de la isla de Dugi Otok que ahora contemplo y que debieron ser espesos en otro tiempo y fueron decayendo de pinar a monte bajo y de allí a garriga y erial. La lengua tiene un proceso de rarificación semejante a cualquier organismo, de lengua de una comunidad a lengua local, de ahí a un pueblo, a una familia, a una última persona, a una grabación roñosa.




Fragmento de"Il fastello della mirra"

Quizá era éste el más conciliador de los mensajes y el menos ampuloso.
En el segundo ya se aprecia al escritor decadente y preciosista, también al teórico del Fascismo: “En esta mañana de agosto se cumple el cuatro año de vuestra revolución desesperada y luminosamente comienza el año de nuestra plenitud. Las alas tricolores aparecen de improviso, como el indicio del destino que se vuelve. El destino ha cambiado su curso. Se vuelve hacia nosotros con una certeza de hierro. Ha pasado por siempre la hora de esa Alemania que os traiciona, os humilla y os infecta. Vuestra hora ha pasado…”

Sigue el Vate durante un par de párrafos más con la dialéctica que se repetiría una y mil veces durante décadas: desde el balcón de la plaza Venecia, desde el DeustcherHof Hotel de Nuremberg, en la voz de Fernando Fernández de Córdoba el primero de abril, durante lustros como una letanía desde São Bento o la plaza de Oriente. En cada rincón de Europa se repitió el mismo discurso hasta el paroxismo, como una maldición, como el eco de una canción ebria: unidad, voluntad, destino, raza.

Fernando Clemot, 2011

2 comentarios:

Elèna Casero dijo...

Sería interesante poder asistir pero la distancia ...
Un gran abrazo

FERNANDO CLEMOT dijo...

Habrá alguna oportunidad, seguro.
Qué abrupto el final de la videoconferencia. A ver si coincidimos pronto, Elena. Ya me contarás del libro...Un abrazo muy grande.