lunes, 26 de marzo de 2012

CURSO GRATUITO EN FNAC DIAGONAL: PATROCINAN EL LABORATORIO DE ESCRITURA DE BARCELONA Y FNAC




El Laboratorio de Escritura de Barcelona y Fnac han creado el programa gratuito: Crea i regala el teu conte per Sant Jordi

http://tiendas.fnac.es/diagonal-mar/crea-i-regala-el-teu-conte-per-sant-jordi


Se trata de 3 sesiones donde el parti
cipante creará un relato corto (1 sesión) que lo editará y corregirá (2 sesión) y encuadernará artesanalmente (3 sesión). Yo me encargo de la  parte denominada "Técnicas de Escritura creativa"  que  se ha programado para el lunes 2 de abril, de 18h00 a 21h00.
Es totalmente gratuito. Grupo final de hasta 20 personas. Lo pasaremos bien...

jueves, 22 de marzo de 2012

ENTREVISTAS A AUTORES EN RADIO EL EJIDO-LIBRERIA SINTAGMA

Web muy interesante con entrevistas a autores españoles actuales de Manuel Garcia Iborra, de Libreria Sintagma de El Ejido.
http://libreriasintagma.es/

Entrevista sobre El libro de las maravillas del mes de enero de 2012

miércoles, 14 de marzo de 2012

CURSO DE LITERATURA ITALIANA CONTEMPORÁNEA EN EL ATENEU BARCELONÈS





PROGRAMA DE INTRODUCCIÓN A LA LITERATURA ITALIANA*
Escola d’Escriptura del Ateneu Barcelonès

Profesor: Fernando Clemot
Comienzo del curso: 26 de marzo 2012
20 horas: Lunes de 19.30 a las 21.30 horas.

INFORMACIÓN SOBRE MATRÍCULA AQUÍ
 
CLASE 1

La paradoja de una literatura sin nación. Antecedentes: periodo clásico, Dante, Petrarca, Bocaccio, Ariosto, Goldoni...

AUDIOVISUAL 1: La Italia Nacionalista: de las Guerras Napoleónicas a la Unificación. El nuevo estado italiano hasta la Primera Guerra Mundial.

CLASE 2

El siglo XIX: Romanticismo/ Realismo/ Naturalismo-Verismo /Decadentismo

Ugo Fóscolo
Giacomo Leopardi
Alessandro Manzoni
Giosué Carducci
El Verismo y Giovanni Verga

CLASE 3

La Italia entre siglos: Gabrielle D’Annunzio (1863-1938)
Luigi Pirandello: El difunto Mattia Pascal. El teatro.

CLASE 4

Las vanguardias. El Futurismo.
El trauma de la Primera Guerra Mundial.
Filippo Marinetti.
Italo Svevo.

CLASE 5

AUDIOVISUAL 2: El Biennio Nero ( 1922-1943) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

El papel del intelectual frente al Fascismo
Curzio Malaparte
Los indiferentes (1929)

 CLASE 6

AUDIOVISUAL 3: De la “república de los trabajadores” a la actualidad.

Alberto Moravia ( 1908-1990)

CLASE 7:

Los grandes nombres del medio siglo.
Cesare Pavese, Leonardo Sciascia, Dino Buzzati...
Exposición sobre Feltrinelli y Elio Vittorini.

CLASE 8:

AUDIOVISUAL 4: El cine italiano y los autores. Desde Cabiria a la actualidad.

El cine y la literatura. El neorrealismo y el cine comercial.
El guión y su relación con el mundo literario. Una nueva forma de relación con el lector.

CLASE 9:

El Gatopardo (1958): Giuseppe Tomasi de Lampedusa.
La crisis del neorrealismo: Años 60 y 70.
Italo Calvino, Pier Paolo Pasolini, Luciano Bianciardi, Beppe Fenoglio, Luigi Meneghello...

CLASE 10:

Los últimos años y sus nombres: Antonio Tabucchi, Darío Fo, Claudio Magris, Umberto Eco, Pier Vittorio Tondelli, Erri de Luca...
Los grandes fenómenos de ventas: Alessandro Baricco, Andrea Camilleri...
Los últimos nombres: Simona Vinci. La generación TQ: Giorgio Vasta.
  

* Todas las clases serán complementadas con materiales de los autores y de los periodos tratados.




lunes, 12 de marzo de 2012

RESEÑA SOBRE "EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS" EN ISLA DE ELCA, A CARGO DE ÁLEX CHICO

El libro de las maravillas, de Fernando Clemot

en Isla de Elca (enlace aquí)
“Nunca estás realmente jodido si tienes una buena historia que contar y alguien a quien contársela”. Lo dice Noveccento, el pianista del océano, ese entrañable personaje que creó Alessandro Baricco hace ya algunos años. Creo que esa es, o debe ser, una de las premisas que lleve a un escritor a narrar. Tener una historia y querer compartirla con alguien. En cierta forma, eso es lo que le salva en último término. Lo que, en definitiva, le previene. Como Novecento, la literatura nos exime de estar completamente jodidos.
Digo esto, en primer lugar, porque El libro de las maravillas(Ediciones Barataria, 2011), la novela del barcelonésFernando Clemot, tiene muy presente esta idea. Son estas historias que se cuentan, ajenas o propias, las que intentan salvar al personaje, poco antes de morir. El punto de partida es el siguiente: un tal señor C., el personaje principal de la novela, se encuentra en la clinica Dantas, un lugar de reposo donde acuden enfermos terminales. Pero el señor C. no es un personaje pasivo. No le basta sólo con esperar. Quiere, como se dice en repetidas ocasiones, cambiar el final para poder cambiarlo todo. Ahí está la clave. Cambiar el final para que todo cambie. ¿Qué hacer, pues? ¿Cuál es la actitud que adopta? ¿Dónde puede encontrar esa llave que le permita cambiar el final para que todo su pasado cobre un nuevo sentido? Muy sencillo: decide anotar las historias de varios residentes, narrar esos momentos clave en la vida de otros pacientes. Ser el último testigo de esas hazañas minúsculas, acaso triviales, que han marcado el rumbo a otros enfermos. Es ese el motivo por el que considero El libro de las maravillas una carta de amor a la literatura. Hablamos de un personaje que en el borde del abismo se detiene y decide escuchar historias ajenas, que a menudo entrelaza con las suyas propias. El mecanismo de la novela, como el de la memoria, es contar una historia que nos lleva a otra historia que, a su vez, nos conduce a una historia nueva. Y es en ese sentido por el que juzgo que no estamos ante un libro pesimista, oscuro, desesperado. A pesar del momento y de la situación, es, o así lo veo, una novela profundamente vitalista. Uno de esos libros en donde uno se propone, antes que otra cosa, aferrarse a la vida, porque cada instante y cada decisión cuentan y porque nos trasmite la complejidad, la profundidad, la hondura de ciertos espacios aparentemente insignficantes.
El libro de las maravillas es una meditación sobre la memoria. Ese, diría yo, es el gran tema del libro. Se suceden las definiciones en torno a ella, donde es muy frecuente el uso de metáforas, de comparaciones, y con las que el autor despliega una gran habilidad lingüística, por momentos muy cercana a la poesía. Esos personajes, ya dijimos, echan mano de sus recuerdos y deciden contarlos, como si de una última voluntad se tratase. Historias de abogadas defendiendo casos imposibles, travesías por mar con mercancía dudosa, tormentas que sacuden un lugar y lo convierten en ruinas, viajes frustrados a los confines de la Tierra en busca de un amor al que abandonan, etc. (Un paréntesis: es curioso ese efecto que se produce en el lector: nos encontramos con narraciones dinámicas, agitadas, nerviosas y, sin embargo, nunca abandonamos una clínica donde se impone la quietud, la inmovilidad). Hay un momento en el que nos dice el autor: “La memoria de nuestro pasado está parcheada muchas veces con retales de vidas ajenas, con historias que nos contaron o nos figuramos haber vivido”. En otro momento, se refiere en términos muy similares. Cito: “Nuestra memoria [...] repara el recuerdo dañado con materiales extraños: recreaciones, historias escuchadas o vividas a medias, o por una segunda o tercera voz, fábulas, errores temporales”. No se trata, en definitiva, de contar verdades o mentiras, sino de darnos a entender que nuestra vida se nutre de infinidad de cosas a la vez, donde intervienen también la imaginación y el deseo y la ensoñación. La vida del señor C., de los enfermos que ocupan la clínica Dantas, nuestra vida, en definitiva, se compone de retazos entrelazados, conectados, sin saber el motivo que conduce a unirlos. “Al acercarse el final, la vida nos pasa por delante: fotograma a fotograma, como una de aquellas secuencias animadas antiguas”.
El libro de las maravillas tiene un final estupendo. Es, como el Lazarillo de Tormes, el relato de un condenado. Clemot sabe que el oficio de un escritor consiste en contar una historia que, de otra manera, acabaría desapareciendo. Ese relato que nos permita ganar la última partida. Como dejó escrito Claudio Magris, “la literatura no te salva la vida, pero sí puede darle sentido”.

viernes, 2 de marzo de 2012

"EL TIEMPO MATERIAL", DE GIORGIO VASTA ( MONDADORI): UNA LECTURA IMPRESCINDIBLE.

Recomiendo encarecidamente la lectura de "El tiempo material" (Mondadori) de Giorgio Vasta. Una novela completamente deslumbrante y espectacular. Una gozada.
Conociendo a Giorgio sabìa que me iba a gustar pero no me esperaba tanto y tan bueno. 
Gracias a Giorgio y gracias a Mondadori por traer un libro tan excepcional.
 
Un enlace que habla del libro:

martes, 28 de febrero de 2012

RESEÑA SOBRE "EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS" EN DIVERTINAJES.COM, A CARGO DE FERNANDO P.FUENTEAMOR (28/2/2012)

 

 De Fernando Clemot había leído, y releído, su magnífica novela anterior, titulada El golfo de los poetas (Barataria), que a su densidad estructural unía un manejo del lenguaje tan rico y equilibrado que la hacía fluir armoniosamente como un enorme y tranquilo rio lleno de afluentes literarios que sostenía la gratísima travesía del lector a través de todo su curso, y que se abría en un gran delta final donde poder varar la barca de una escritura presentada con un irreprochable clasicismo en la forma, pero que en su fondo contenía una modernidad y una actualidad fuera de toda duda.
Con El libro de las maravillas (Barataria), Clemot vuelve a demostrarnos su talento y su gran oficio como malabarista de palabras.
Estamos en una clínica de reposo, una especie de cementerio de elefantes, donde los pacientes esperan más o menos resignados la llegada del fin de sus vidas. Varado en esa playa final de su vida el protagonista rememora fractalmente lo que ha sido ésta ─la mayor parte del tiempo una existencia sin sentido─ articulada en torno a las mujeres que ha amado o ha creído amar.
Como no quiere cumplir este rito de pasaje de una forma pasiva,  intenta, a través de la escritura de unos cuadernos narrarnos fragmentadamente el devenir de sus días pasados ─mezclado aleatoriamente─  con su monótono discurrir diario en la clínica: sus idas y venidas,  sus contactos con los médicos, enfermeras y otros pacientes. Y es gracias a uno de esos pacientes, Bridoso, que comienza a componer su propio Libro de las Maravillas ─en el que él toma el papel de Rustichelo y los demás pacientes, el de Marco Polo─, escribiendo los relatos de retazos de vida de esos otros compañeros que esperan su entrada en el Pabellón de crisis del sanatorio. Así será capaz de realizar viajes que nunca se atrevió a hacer y a vivir, como un avatar, sus aventuras, sus amores, sus miedos, sus frustraciones. Pero mejor dejemos que él mismo nos lo explique: “Mi necesidad de completar con las vivencias de otros, con sus viajes y pequeñas o grandes aventuras, lo que consideraba una vida pobre, una existencia insulsa… consideraba que había llevado una vida de cobarde…”
Clemot le da la oportunidad al protagonista de rescatar de las mareas de la memoria, propia y ajena, aquellos materiales arrancados del fondo sedimentado de sus vidas para componer un metafórico mapa de la existencia, que le ayude a sacudir la melancolía de esos días vividos en la fría y solitaria antesala de la muerte y que le obligue a filosofar sobre los frágiles y untuosos  andamiajes de la memoria. No hay futuro cuando se está frente a la muerte, así que mejor rememorar el pasado.
Escrito con toda la densidad alegórica y el tempo preciso que caracteriza toda su obra anterior el Libro de las Maravillas es una muestra incontestable del extraordinario talento de Fernando Clemot.

miércoles, 22 de febrero de 2012

RESEÑA SOBRE "EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS" EN LA BIBLIOTECA IMAGINARIA, A CARGO DE CRISTINA MONTEOLIVA (20/2/2012)


 Nuestros días contados, aunque la mayoría tenemos la suerte de no saber cuántos de esos días nos quedan antes de cruzar el umbral de la muerte. Eso nos hace vivir centrando nuestras energías en problemas con los que nos vamos topando día a día. Pero los otros, los que sí son conscientes de lo poco que les queda en este mundo, ¿cómo son capaces de asumirlo? ¿Con qué ánimo se levantan cada mañana para afrontar una jornada que podría ser la última? De esto y mucho más va “El libro de las maravillas”, la novela de Fernando Clemot de la que hoy hablamos.
El señor C., un hombre tímido, de pocos amigos pero muchas relaciones amorosas frustradas, afronta sus últimos días de vida recluido en la Clínica Dantas, un curioso hospital situado en algún lugar indeterminado de Portugal donde solo hay enfermos de un mismo mal terminal (el cuál desconocemos). C. siente que necesita algo que le impulse a seguir viviendo estos últimos días, y no se le ocurre nada mejor que llevar al papel todas las historias de viajes (físicos y vitales) de sus compañeros más queridos. Éste será su libro de las maravillas, aunque a veces lo maravilloso puede tornarse en todo lo contrario, y la paz que el señor C. busca no estar en realidad a su alcance.

Marco Polo fue un personaje sin igual en la historia, un aventurero rodeado de cierto halo de romanticismo que no parecía conocer límites. Sus numerosos viajes quedaron recogidos en “El libro de las maravillas”, también llamado “Los viajes de Marco Polo” y “El libro del millón”. Este volumen fue escrito por Rustichello, el compañero de celda de Marco Polo en Génova. Probablemente los días se les hicieron así más llevaderos tanto al que contaba, Marco Polo, como al que escribía, Rustichello. ¿Por qué no pensar que del intentar hacer lo mismo siglos más tarde puede resultar algo igualmente provechoso y entretenido?

El señor C., el protagonista y narrador principal de esta novela, también está en una cárcel. La condena es a muerte, y no hay manera de escapar. Los días pueden llegar a ser muy largos en estas condiciones, de ahí que un hombre deba buscar algo con lo que distraerse. Escribir un nuevo libro de las maravillas, por ejemplo. Será éste un libro lleno de viajes físicos y espirituales, los mejores de sus compañeros de prisión y condena. Pero, ¿es el resultado el esperado? Probablemente, no, pues la gente, cuando se acerca la muerte, piensa más en las experiencias más dolorosas y en todos los grandes pecados cometidos, que en los momentos felices. El escritor se torna entonces confesor. De él depende que sus compañeros consigan la paz espiritual tan necesaria para cruzar al lado de la muerte.

No solo los otros, sin embargo, tienen mucho de lo que arrepentirse cuando les queda tan poco por vivir. Tal vez en realidad por eso C. quiera escribir sobre los demás. Al fin y al cabo, mientras escucha las conmovedoras, y a veces también desgarradoras, historias de sus compañeros, y se centra en tomar notas, no piensa en Lynn, Jenny, Clara, Gina o Vera. Ellas han sido las mujeres de su vida, pero con ninguna fue capaz de mantener una relación duradera. Los recuerdos son demasiado dolorosos, también el arrepentimiento. Imposible dar vuelta atrás, sin embargo. ¿Podría acaso C. exorcizar sus fantasmas si los nombrara en voz alta?

“El libro de las maravillas”, en definitiva, es una novela que ahonda en la naturaleza del ser humano, más concretamente en la de su alma. Queda claro, después de la lectura de las múltiples vivencias aquí reflejadas (tan ficticias como reales) que el ser humano al final de su vida tiene mucho por lo que alegrarse, aunque también un buen número de asuntos pendientes por resolver. Son esos asuntos los que pueden hacer que los últimos días de vida de aquellos que saben que la muerte está cerca sea un martirio o todo lo contrario. Quizá esto sea lo maravilloso de este libro. O quizá sea otra cosa. Te invito a que encuentres tus propias respuestas conforme vayas leyendo “El libro de las maravillas”. ¿Aceptas mi propuesta?
Aceptar la propia muerte es difícil, más aún cuando ésta está cerca. Se hace necesario hacer recuento de lo que ha sido la vida para el que se va, también encontrar un sentido para esos últimos días. Aprende ahora esto y mucho más con “El libro de las maravillas”, un libro que sin duda no te dejará indiferente.

Cristina Monteoliva

lunes, 20 de febrero de 2012

RESEÑA SOBRE "EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS" EN EL LIBREPENSADOR, A CARGO DE GUILLERMO ARRONIZ (17/2/2012)

 El libro de las maravillas, de Fernando Clemot



“Si te acercabas a don Antonio, olía a harina y fogón, y sudaba a todas horas, jadeaba, abría y cerraba el horno a trompicones. Te imaginabas su cuerpo cubierto de diminutas bolitas, mezcla de harina y de sebo”.
 Página 29.

“Para quien ha vivido tan poco como yo cualquier pequeño cambio se convierte en un hecho importante”.
 Página 60.

“Desde mi rincón de la biblioteca pude reconocer un mundo que se me ocultaba a la vista: las Antillas, los lagos áridos de Mongolia y China, Tombuctú y el Teneré, Macao y los viajes de Serpa Pinto, Scott y Amundsen, Burke y Wills. Plantaciones de adormidera en Afganistán y plagas que oscurecían el cielo, bosques y barrancos, los glaciares del Canadá y los volcanes de la península Antártica”.
Página 66.

Es un inmenso placer ver que un buen libro no es resultado  de unas circunstancias excepcionales, sino fruto del talento y del trabajo de un autor que es capaz de volver a repetir su impronta con genialidad en el siguiente. Cuando leí El golfo de los poetas no había oído hablar del escritor Fernando Clemot. El libro me dejó huella y temía que esta novela que caía en mis manos no estuviese a la altura de mi recuerdo. Pero lo está. Y no es precisamente porque lo que contenga sean historias “maravillosas” en tanto que amables, dulces o alegres. Definitivamente no. Este libro de las maravillas, en clara alusión a Marco Polo y sus viajes nos relata varios momentos especiales de personajes que, curiosamente, no son el protagonista, cuya vida se nos escapa entre los dedos, incapaces de asirla más allá de los nombres de sus parejas y los motivos por los que las relaciones se agotaron. El protagonista, curiosamente Sr. C., no tiene historia, él mismo está amargado por haber llegado a su final -tiene una enfermedad terminal- sin una historia digna que contar, sin un “viaje” de importancia. Por eso se transforma de alguna forma en Rustichello de Pisa para escribir y vivir las vidas y los periplos de otros que, además, se encuentran en su misma situación desahuciada, participando así, en alguna medida en ellos, formando parte de lo que nunca pudo hacer, porque quien escucha para luego narrar transforma, subjetiviza y por lo tanto entra en la historia misma.

El valor de Clemot no es poco porque el libro no se identifica por una gran historia de amor entre dos jóvenes, ni por una persecución policíaca, ni por una aventura de búsqueda arqueológica. No hay aquí señuelos sobre los templarios, ni sobre Titanics que se hunden. Las historias que se nos narran son tremendamente humanas, y suenan, por su verosimilitud a hechos reales narrados por amigos y familiares. Todas con un punto de desgarro, dos de ellas con un frío terrible en el que se desenvuelven y las tres con una presencia de la muerte.
La muerte ronda el libro con su elegante figura y su guadaña ensangrentada o lista para ensangrentarse. Bajo todo anciano o adulto hay una gran realidad, un momento de terror y límite que se nos cuenta para dar muestra de su compleja humanidad.

Es cierto que hay, también como telón de fondo, una historia “policíaca” que, por momentos, me recordaba a Los renglones torcidos de Dios por las dudas que planteaba, más a cada paso que se daba, aunque guardando más silencios sobre el estado de coherencia o salud mental en quien la cuenta.

Al elegir como protagonistas a personas cercanas a la muerte, con una vida detrás de ellos, vuelve el autor a escapar a la imperante juventud que todo lo desborda. Los protagonistas fueron jóvenes, vivieron grandes experiencias, pero hoy no lo son, y  es su mirada a través de los años la que matiza y sirve de cristal que corrige la vista. Es decir, es su forma de comprender lo que los pasó muchos años atrás lo que resulta tan interesante como los hechos en sí. La violencia de la naturaleza, en el hombre y fuera de él, protagonizan las tres grandes historias que se nos cuentan. Cuando el frío, la ira, la lluvia, se desbordan, ponen a prueba la naturaleza del hombre (entendido, por supuesto, en sentido neutro hombre y mujer, por si es preciso matizarlo).

Por último hablaremos del protagonista. Un hombre que no ha estado cerca de un suceso desbordado antes. Sí alguna tormenta de granizo, sí una llegada dramática a las urgencias de un hospital… pero no una realidad que le haya cambiado la vida, que haya supuesto un antes y un después, y no ligada a un viaje. Es curioso que el protagonista, este Sr. C. esté tan obsesionado con el viaje como experiencia de catarsis. Por eso se convierte en Rustichello, en el hombre que relata los “viajes” de los demás; por eso llena su cuarto de guías y mapas. Pero también porque es el eterno cobarde incapaz de tomar decisiones, de ir hacia adelante y protagonizar su propia historia. Porque su naturaleza no es vivirlas, sino contarlas. Y cuando quiere cambiar su naturaleza, ésta ha llegado a su fin, ha cumplido su destino. ¿Qué maravillas quiso ver y nunca vio? ¿Qué habría sido de su vida más allá de una sucesión de tres historias –o cuatro- sentimentales y unas  discusiones maritales? Incluso al final se siente necesitado en gran medida de que le acompañen en ese último viaje que quiere hacer, y le cuesta aceptar que debería hacerlo solo.

Remarcables las reflexiones sobre la memoria y sus mecanismos. (“Me cuesta levantar el velo de las aguas del recuerdo” Página  118;  “El recuerdo tiene la energía de Aquiles, salta de una imagen a otra impelido por un motor inaudito […] En la agilidad del recuerdo hay algo de fábula, salta la memoria con botas de siete leguas por encima de cualquier obstáculo, no las detiene ni el viento, sólo buscan la luz de algún recuerdo encendido […]” Página 146; “El hombre no puede aspirar a ser inmortal porque lo acabaría matando el peso de sus recuerdos, nos convertiríamos en seres hieráticos o abatidos […] Página 157).

El libro de las maravillas es una novela –o conjunto coherente de historias muy cohesionadas- triste. Muy triste. Pero real. Verosímil. Tan creíble como emotiva aunque sin sentimentalismos baratos. Su protagonista nos avisa con su propia ausencia de historia que, salvo que queramos ser Rustichellos, deberemos vivir, VIVIR con mayúsculas, tomar nuestras decisiones, echar a correr y tener nuestra propia catarsis. Que nadie nos la cuente… salvo Fernando Clemot.

viernes, 17 de febrero de 2012

BASES DEL PREMIO ENERGHEIA ESPAÑA 2012

Premio Energheia Europa
Energheia, asociación cultural de Matera (Italia), bajo el patrociniode la Región Basilicata anuncia las bases para España del concurso literario “Premio Energheia Europa – Edición 2012 en su XVIII edición.
 
BASES
1-) Para escritores, entre 18 a 35 años de edad, de cualquier nacionalidad, residentes en España que tomarán parte en el concurso con sólo un cuento inédito, escrito en español, sobre un tema libremente elegido, con no más de siete páginas (25 líneas por página).
2-) La fecha límite para el envío es el 30 de mayo de 2012. El relato debe ser enviado con dos copias escritas a máquina o en formato Microsoft Word, no firmado. En el sobre también irá una plica que contendrá el nombre del autor, documento nacional de identidad, edad y dirección (número de teléfono y
correo electrónico) a la siguiente dirección:
Laboratorio de Escritura
c / Escorial 11, 6 º
08024 Barcelona (España)
Referencia: Para el Premio Energheia 2012
 
3-) Un comité, designado por los organizadores de la competición, va a leer y evaluar los relatos con el fin de señalar los cinco finalistas que se presentarán en la fase final en Italia para la valoración final.
4-) El Jurado declarará el ganador del concurso. El autor galardonado con el primer premio tendrá gastos de billete de avión y alojamiento pagados, para participar en la ceremonia de entrega de los premios Energheia que se llevará a cabo en Matera (Italia), en el mes de septiembre de 2012.
5-) Los organizadores del concurso tendrán el derecho a publicar y reproducir los cuentos ganadores (incluyendo los finalistas), en el idioma original y en una traducción en las lenguas propias del concurso.
6-) Depende de los organizadores del concurso la decisión de incluir algún detalle o punto que no aparezca especificado en el presente reglamento.
7-) Cualquier información respecto a la presente convocatoria se puede obtener en la siguiente dirección en España:
energheia@laboratoriodeescritura.com
 
El coordinador en España para “Premio Energheia Europa – Edición 2012 es el escritor Fernando Clemot
 
En Italia:
Associazione Culturale Energheia
Via dei Bizantini, 13-75100 Matera (Italia)
E-mail: http:// energheia@energheia.org
http://www.energheia.org/

martes, 14 de febrero de 2012

NOVELAS Y NOVELISTAS ESPAÑOLES PARA EL SIGLO XXI, DE FERNANDO VALLS, EN LA NAVE DE LOS LOCOS (13/2/2012)

 
 
Si entendemos por novela actual la que ha surgido en lo que llevamos de siglo XXI, aun a riesgo de caer en la simplificación, tiene uno la tentación de dividirla en dos grupos. El primero, meramente anecdótico, estaría formado por aquellos narradores que hacen ostentación de cultivar lo que Ignacio Ramonet ha denominado “las tendencias mediáticas actuales”, caracterizadas por la “urgencia, brevedad, simplicidad, frivolidad, espectacularidad, inmediatez, superficialidad” (Vid. la entrevista de Ramón Chao, ABC cultural, 18 de junio del 2011). Desde que aparecieron en público como grupo se erigieron en los únicos representantes de la literatura actual, despreciando a todos los demás escritores, por considerarlos practicantes de una estética periclitada. Algunos de estos autores  han blasonado, además, de no leer literatura, y todos ellos han acabado escribiendo relatos más o menos convencionales, carentes de autenticidad y emoción. No merece la pena perder demasiado el tiempo en ellos. Vila-Matas los ha descrito a la perfección: “Viendo que entre nosotros se va poniendo de moda el engaño, el fraude artístico –el homenaje hispano tardío a Fake, de Orson Welles, por ejemplo-, la poética ya trillada de lo heterónimo, el remake que traiciona el espíritu de lo imitado [se refiere a El hacedor (de Borges). Remake, de Agustín Fernández Mallo], lo cibernético como ilusoria acreditación de modernidad, todos los tópicos de una posmodernidad que llega a nosotros tan tarde […], uno termina por decidir que lo mejor será permanecer en lo auténtico que tiene todo camino propio” (Vid. "El brillo de lo auténtico (Joseph Roth)", El País. Babelia, 26 de marzo del 2011, p. 14).    ....
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El segundo grupo, en cambio, me parece mucho más significativo y valioso, pues incluiría a unos cuantos nombres que parecen llamados (algunos de ellos, al menos) a ser los protagonistas de la narrativa de las próximas décadas, junto a otros nuevos que vayan surgiendo en el futuro. Pienso en autores como (cito alguna de sus novelas más significativas y, a veces, la única que han publicado hasta ahora): Eduardo Lago (Llámame Brooklyn, 2006. Premio de la Crítica), Isaac Rosa (El vano ayer, 2005. Premio Rómulo Gallegos), Ricardo Menéndez Salmón (La ofensa, 2007), Berta Vias Mahou (Venían a buscarlo a él, 2010. Premio Dulce Chacón), Cristina Grande (Naturaleza infiel, 2008), Esther García Llovet (Las crudas, 2009), Julián Rodríguez (Ninguna necesidad, 2006), Elvira Navarro (La ciudad feliz, 2009), David Trueba (Saber perder, 2008. Premio de la Crítica), Óscar Esquivias (Inquietud en el Paraíso, 2005), Jon Bilbao (Padres, hijos y primates, 2011), Fernando Clemot (El golfo de los poetas, 2009), Pilar Adón (Las hijas de Sara, 2007), Ignacio Ferrando (Un centímetro de mar, 2011), Patricio Pron (El comienzo de la primavera, 2008) y Andrés Neuman (El viajero del siglo, 2009. Premio de la Crítica), incluyendo también a los hispanoamericanos más destacados que residen habitualmente en España. La mayoría de ellos han logrado ya el reconocimiento de los mejores críticos.
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Lo que sí sabemos es que nos ha tocado vivir una etapa acelerada de la Historia, dentro de una sociedad extremadamente compleja y muy distinta de la que conocíamos hasta ahora, no sólo con más contrastes sino también más plural, en la cual es fácil carecer de certezas y a veces sentirnos abrumados por las perplejidades. El mundo, o al menos una parte significativa de él, parece estar a nuestro alcance. Pero los retos actuales del novelista creo que siguen siendo los mismos de siempre: armar una historia para mostrarnos, con avidez lingüística, una estructura adecuada y complejidad argumental, algunos de los muchos problemas que acucian a los ciudadanos. 
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Si es cierto que nos hallamos ante una realidad nueva, y se está produciendo un cambio de paradigma, sería deseable que los complejos avatares históricos actuales, junto con los problemas sociales y del individuo, le proporcionaran al escritor materia suficiente de la que alimentarse y con la que poder contar el mundo desapacible que vivimos, además de hacerlo en toda su singularidad. A menos que todavía sigamos creyendo en el poder de la ficción, de la literatura, para sopesar y cuestionar los problemas de un país, un sujeto o un grupo social, incluso del conjunto de la población.
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Me parece que nunca antes, en las últimas décadas, había sido tan necesaria y acuciante la gestación de una literatura crítica, clarificadora, sobre la realidad que estamos viviendo. La presente crisis se presenta como una excelente oportunidad para soltar lastre definitivamente, aquella banalidad que dio comienzo en los sesenta, con el arte pop, igualando los productos de supermercado con la cultura exigente y compleja; y reduciendo al cabo las artes, la literatura, a un mero entretenimiento o diversión trivial, a otro producto manufacturado más, a partir de lo cual todo resultaba ya lo mismo, igualándose siempre por abajo, dado que cualquier actividad podía explicarse y justificarse como cultura. Pero también debería ser el momento de olvidar para siempre aquellos estudios literarios en los que ya no había obras sino textos, me refiero a la ficción, que no significaban “nada”, o podrían significar “cualquier cosa”, a la manera deconstruccionista. 
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No resulta fácil trazar los rasgos que caracterizan las novelas citadas, pues recorren todo el amplísimo espectro del realismo contemporáneo, desde el minimalismo a lo fabulístico, pasando por el simbolismo o el expresionismo, cercano a veces a las peculiaridades y motivos de la narrativa fantástica, lo que me consta que no es precisar demasiado. En cualquier caso, sí los asemeja una actitud ambiciosa frente a la escritura, algo que hoy es necesario resaltar, dado que cada vez resulta menos frecuente, y el interés por la novela norteamericana, inglesa y centroeuropea, pero sobre todo por W. G. Sebald, J. M. Coetzee, Cormac MacCarthy y David Foster Wallace, además de un cierto y discreto desinterés –no unánime, por fortuna- por los novelistas actuales en castellano, quizá con la excepción de Roberto Bolaño, Ricardo Piglia y Enrique Vila-Matas, lo que me resulta difícil de comprender. En fin. 
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El arranque de la trayectoria de estos nuevos narradores está resultando esperanzador, quizá pecan, si acaso, de un exceso de trascendencia, por lo que no estaría mal que echaran mano en mayor medida del humor bien dosificado, al tiempo que se percibe en sus obras una cierta evolución hacia la simplicidad, habiendo dejado por el camino, recursos y trucos efectistas innecesarios, todo lo que había en su prosa de exhibicionismo artificioso. Pero habrá que dejar pasar el tiempo, una década, al menos, para saber cuántos de ellos seguirán manteniendo un apetito semejante, y logren darnos alguna novela realmente valiosa.
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* Este artículo ha aparecido publicado en la revista La página, 95-96, 2011, pp. 231-234, en un monográfico dedicado a la "Nueva novela española", coordinado por Santos Sanz Villanueva y con la colaboración de numerosos escritores y críticos. En las fotos aparecen Eduardo Lago, Isaac Rosa, Berta Vias Mahou, Andrés Neuman, Elvira Navarro y Julián Rodríguez.