lunes, 4 de enero de 2010

LA CRÍTICA LITERARIA ( III ): ENTREVISTA A DOMINGO RÓDENAS

Por Fernando Clemot
(Entrevista publicada en el número 5 de Paralelo Sur, julio de 2007)

Domingo Ródenas es uno de los críticos y docentes más reputados del país. Suyo fue el acierto de crear un posgrado sobre "La crítica literaria en la prensa" y en la actualidad ejerce la crítica en El Periódico de Catalunya . Entre sus libros figuran algunos títulos inexcusables del ejercicio crítico como son Los espejos del novelista. Modernismo y autorreferencia en la narrativa española de vanguardia (1998), la antología de ficción vanguardista Proceder a sabiendas (1997), Prosa del 27 (2000), La crítica literaria en la prensa (2003) o la antología Poéticas de las vanguardias históricas (2007). En el ámbito docente imparte clases de Literatura española, Literatura de Tradición Europea y Literatura Contemporánea en la Facultat d'Humanitats de la Universitat Pompeu Fabra. Sus estudios críticos y ediciones se han centrado, entre otros, en Miguel de Unamuno, Benjamín Jarnés, Ramón Gómez de la Serna , Azorín, Antonio Marichalar, Luis Cernuda, Carmen Laforet, Miguel Delibes, Álvaro Pombo o Enrique Vila-Matas. Nos ofrece Domingo Ródenas una opinión valiosísima como crítico y estudioso de la literatura española; un juicio cultivado sobre el momento de la literatura española, la crítica literaria en prensa y los nuevos valores. Desde cualquier prisma la opinión de Ródenas resultaba necesaria y reveladora...

El papel de la crtica

Aunque suene a pregunta manida queremos conocer su opinión... ¿cuál cree que ha de ser el papel de la crítica?

Mi respueta también va a ser previsible pero inevitable: la crítica de prensa debe cumplir una doble función: informar y orientar mediante el juicio crítico. Para lo primero es preciso describir al lector las características del libro, sus méritos y deméritos en la estrecha medida que permite el formato de la reseña periodística y teniendo en cuenta a la hora de seleccionar los aciertos y desaciertos que éstos han de constituir el cimiento argumentativo de la segunda función. Ésta se concreta en el aquilatamiento del libro de la forma menos ambigua posible. Una crítica que no informe con claridad de la índole del libro reseñado y que no emita un juicio inequívoco (aunque matizado) sobre la obra es una crítica ineficiente.

Porque las editoriales también aprietan y sabemos que hay periódicos que forman parte de grupos editoriales más extensos... ¿hay alguna forma de huir de todas estas presiones? ¿Tiene alguna fórmula propia?

No sólo aprietan las editoriales. Los aprietos para el crítico son múltiples y no todos los origina la industria. Las relaciones personales con los creadores, desde el mero conocimiento cordial hasta la amistad, coartan indefectiblemente la libertad de juicio. Algo que debe ser visto no como un talón de Aquiles del crítico sino como una evidencia insoslayable. El crítico que desee preservar lo máximo su libertad tiene que evitar escribir sobre libros hacia los que exista aprecio o desdén previo. Esto, sin embargo, es un desiderátum que no siempre se logra.

Sobre el caso Echevarría se han vertido centenares de opiniones, algunas muy afiladas como la del editor Constantino Bértolo en su artículo "La muerte del crítico. Prisa contra Prisa" en que señala directamente al grupo Prisa y a El País. Todo el revuelo provocado por el "caso Echevarría" ¿ cree que ha desprestigiado a la crítica española en su totalidad?

El desprestigio de la crítica de actualidad ("militante", como se decía antes, me parece un adjetivo inexacto, aunque de aplicación en algunos casos) es una serpiente de verano. Siempre que no haya de qué hablar podemos desenfundar la resudada indigencia de la crítica, española o finlandesa, la permanente sospecha acerca de su legitimidad o sobre lo ancilar de su funcionamiento (cuál es la formación del crítico, qué mecanismos de capacitación profesional ha arbitrado el sector, etcétera). Es un buen tema de sobremesa.

Si tuviera que definirse como crítico, ¿cómo lo haría?

Como un paseante solitario.

¿En qué momento se encuentra la crítica literaria en prensa? ¿Hay motivos para ser optimista?

Creo que hay excelentes críticos ahora mismo desempeñando su labor. No uno mi voz al coro de jemerías que se lamentan del estado calamitoso de la crítica. Quizá porque ésta ha sido siempre una actividad de estatuto precario y de praxis problemática. Puestos a deplorar la crítica en los periódicos convendría apuntar con tino y mencionar fenómenos que la desvirtúan o empobrecen (el escaso criterio, por ejemplo, con que se selecciona a los reseñistas desde algunos suplementos literarios; el empeño de algunas editoriales en utilizar a los críticos como publicistas obligándoles a leer las obras en galeradas para convertir su reseña en un producto propagandístico a favor o en contra, lo mismo da) o incluso apuntar a ciertos nombres, aspecto éste, como se comprenderá, delicadísimo y que no me interesa en absoluto. No veo motivos para el optimismo si éste significa alguna forma de esperanza en el papel futuro de la crítica literaria en la prensa. Más bien soy un pesimista activo que, persuadido de la grandeza y dignidad que encierra el dominio de los discursos literarios, confía en que tiene que ser posible el contagio de la pasión por la literatura para un público amplio. Aunque no se me oculta que las vías de difusión rápida de la propia opinión abiertas por Internet (por ejemplo con los blogs) pueden hacer surgir en este medio, como ya sucede, una crítica más viva e inmediata, más fresca y próxima al consejo de un amigo.

Los últimos años

¿Debe desarrollar el juicio crítico alguna distinción ante la obra de un escritor novel? ¿Es necesario situar el nivel de exigencia a la misma altura que la del escritor consagrado o se han de hacer concesiones?

Éste es una de las cuestiones palpitantes para cualquier crítico. De entrada me parece cuando menos una equivocación atropellar o avasallar a un autor novel (joven o no) con una crítica demoledora. Escribir una reseña feroz alimentada por el ingenio del crítico es tan fácil que a veces puede resultar deshonesto. El escritor novel es demasiado vulnerable ante una opinión adversa y el crítico debe tenerlo en cuenta. Caso distinto es el de la celebridad literaria con las anchas espaldas de un prestigio sólido y que tiene un pinchazo. El crítico está obligado a señalarlo, por respeto a los lectores, a quienes debe advertir de ese bache y evitar con ello que sean embaucados por una campaña publicitaria casi invariablemente bien orquestada. El nivel de exigencia a un autor consagrado tiene que ser siempre alto y la concesión es necesario reservarla para los autores incipientes. La mediocridad se revela por sí misma en una segunda o tercera tentativa; hay que darle espacio al autor nuevo para que recorra un trecho del camino. Pero, ojo, también hay que alertar contra el adocenamiento de la escritura incluso en los autores que hacen sus primeros pinitos.

En su carrera como crítico y docente se ha encontrado seguramente con diversos estilos y modos de hacer literatura. ¿Podría hacer una valoración del momento actual de la literatura española?

La respuesta adecuada requeriría escribir un libro de grosor algo más que mediano, pero la cortesía me obliga a ser telegráfico. No es un mal momento si nos conformamos con una docena de creadores de primer nivel entre los que hay tendencias, estilos y teorías de la ficción muy distintas, desde la novela conceptual de Álvaro Pombo (vía Iris Murdoch o Lessing o Sartre) o de Javier Marías (vía Faulkner o Bernhard con Cervantes al fondo) a la revisión del Modernismo con un acentuado componente autorreferencial que cultiva Vila-Matas o al realismo depurado y ruralizante de Luis Mateo o el realismo urbano, torrencial y tumultuoso de Almudena Grandes. O la no menos cervantina y posmoderna narrativa de Millás en torno a la noción de duplicidad y simulacro, o, en fin, tantos otros creadores. No soy derrotista, ni mucho menos, aunque reconozco que no todas las fórmulas literarias que he mencionado (y las muchas que quedan en silencio) me parecen afortunadas. Lo que sí se observa en los últimos años es una creciente incidencia de la literatura norteamericana de los últimos cuarenta años, desde los maestros Bellow, Updike, Roth, DeLillo o Auster hasta los postmodernos ya un pelín apolillados (Barth, Coover, Vonnegut.) o los autores más jóvenes desde David Foster Wallace hacia abajo. Una buena muestra de esa asimilación es Llámame Brooklyn de Eduardo Lago y una muestra de lo ácida que puede ser la digestión de una copiosa ingesta de cultura popular posmoderna es Nocilla Dream, la primera y muy interesante novela de Agustín Fernández Mallo.

Hablemos de estos últimos años de la narrativa española, ¿nos podría señalar algún autor o libro indiscutible en estos últimos tiempos? ¿Algún autor joven que considere especialmente destacado?

En parte he contestado a esta pregunta en la anterior. El concepto de libro "indiscutible" es una entelequia. Discutible es el Quijote, a cuya primera parte se le ven las costuras y es una chapuza debida a las prisas; discutible es la Recherche de Proust (¿no le sobran páginas, como suelen, solemos, decir los críticos?); discutible es Bajo el volcán (¿era necesario escribir unas primeras cuarenta páginas tan abstrusas?). Precisamiente creo que las mejores novelas de estos últimos años, si algo son, es discutibles, esto es imperfectas. Lo son las de Pombo y las de Vila-Matas y el proyecto admirable (y para algunos tedioso, no para mí) en que está engolfado Marías. Todas parecen estupendas novelas revestidas de un traje verbal demasiado ancho, bajo el que se adivina la musculatura exacta de un cuerpo textual que hubiera lucido más si hubiera estado más ceñido. Pero este problema no concierne a estos escritores, sino a cualquier creador, como es fácil comprobar desde Cervantes a Musil o a Bolaño. De éste me parece llamado a perdurar 2666, y también Tu rostro mañana de Marías, junto a Donde las mujeres o El metro de platino iridiado de Pombo, aunque éstos son títulos de los noventa. Y por descontado la trilogía subrepticia sobre las patologías de la escritura que ha compuesto Vila-Matas, formada por Bartleby, Montano y Pasavento. Mencionar a algún autor joven me recuerda el juicio de Paris ante las tres Gracias. Por otro lado, ¿es joven Javier Cercas o ha abandonado el sector juvenil de la literatura? Si nos atenemos únicamente a las fechas en que cobra notoriedad, sin duda el suyo es uno de los nombres indefectibles, junto a los de Eduardo Lago y Fernando Aramburu. ¡Pero todos han sobrepasado la cuarentena! Entre los jóvenes de solemnidad son acreedores de atención Isaac Rosa y el extremeño Julián Rodríguez. Pero prefiero no seguir arriesgando nombres.


domingo, 3 de enero de 2010

LA CRÍTICA LITERARIA ( II ): ENTREVISTA A SANTOS SANZ VILLANUEVA

Por Fernando Clemot

Estimado Santos Sanz: nos gustaría que nos resumiera lo más destacado de su trayectoria literaria, crítica y docente en unas pocas líneas.

Mi trayectoria responde a una vocación sentida con fuerza desde la adolescencia, en la que anduve por la emisora local y la prensa. En los dos periódicos de mi ciudad, Soria, me familiaricé con la imprenta, arte que siempre me ha atraído, hice toda clase de trabajillos de redacción y creé, en “Soria Hogar y Pueblo”, una sección fija semanal de crítica. También fundé con Víctor Pozanco una efímera revista, “Literforma”. Sin abandonar la crítica, hice estudios de Filología en Zaragoza. Aquí empecé mi trabajo docente, en la Facultad, y acompañé a mi maestro, Francisco Ynduráin, cuando se trasladó a Madrid. En la Complutense seguí dando clases hasta hoy. Ahora estoy maquinando dejarlo antes de que me pille Bolonia y pedagogos, políticos y comerciantes conviertan la universidad en una variante de formación profesional. Me gustan mucho las clases, tratar con los jóvenes, aplicar mi experiencia y los conocimientos que dan los años para sugerirles horizontes, despertar o ahondar sus inquietudes, incitarles a pensar y a enjuiciar con sus propios criterios, aprender de sus puntos de vista..., pero no me gusta nada el rumbo que llevan las cosas. En el camino, lo normal. Fui publicando libros y trabajos de investigación y estudio. He estado al frente de colecciones literarias en varias editoriales. Y desde hace bastantes años hago con regularidad crítica en la prensa y en revistas culturales.

Una pregunta inevitable y que hemos hecho a otros críticos de prestigio: nos gustaría que nos definiera cuál cree que es el papel que debe tener el crítico literario dentro del mundo de la literatura.

Dejando aparte al crítico académico, que tiene cometido y técnicas específicos, y entendiendo por crítico al comentarista de la actualidad en la prensa, su papel ha de partir del reconocimiento de la modestia de una función mediadora entre autor y lector. El periódico exige información y opinión. El crítico, a mi parecer, tiene que informar con claridad de los rasgos fundamentales de la obra que comenta (contenido, estilo, intención, ideología...) y valorar el grado de acierto entre los medios utilizados por el autor y su propósito. Todo ello al servicio del lector común de periódico, para que éste sepa de qué va la obra y disponga de unas noticias que orienten su decisión de comprarla o no. No me gusta la crítica que se pone por encima del libro o que lo toma como pretexto para hacer ejercicios de estilo o de pensamiento. Lo dicho está condicionado, claro, por el espacio del que se dispone. Otra crítica, que aplauden mucho los escritores, la ensayística me parece bien, y quizás de más mérito que la de actualidad, pero no es crítica periodística.

En su caso, ¿cómo llegó al mundo de la crítica? ¿Cree que existe la figura del crítico literario vocacional?

Sí, creo que hay una cierta disposición genética. Aunque requiere, por supuesto, de una formación histórica y técnica en la que fundamentar los comentarios y evitar que estos caigan en el puro impresionismo. Unas gentes estamos más inclinadas a unas actividades que a otras. La mayor parte de mis compañeros del colegio preferían jugar al fútbol, mientras que yo encontraba más placer en la lectura o en las ocupaciones que he dicho. Que hacía con mucho gusto y sin retribución alguna. Mantuve la sección del periódico incluso desde Madrid cuando ya trabajaba aquí. Pero no lo hacía con la idea de convertirme en crítico profesional, sino más bien, también, con un sentido social y político. Eran todavía los tiempos de Franco y veía en esa actividad una manera de poner mi granito de arena contra la dictadura. A la crítica regular llegué por los azares de la vida. Fui haciendo crítica ocasional en diversos lugares: Tele/exprés, La Vanguardia, El País y alguna revista... Por fin, se convirtió en una ocupación habitual, primero en “Diario16” y luego en “El Mundo”.

A menudo se critica el papel de la crítica diciendo que está condicionada a intereses editoriales y en los últimos años a los grandes grupos. ¿Qué tendría que decir a eso? ¿Son ciertas estas presiones? ¿Existe la posibililidad de un crítico ajeno a todas estas circunstancias?

Desde luego que está condicionada. Pero no en el sentido de que el crítico se venda. Creo que (casi) todo el mundo tiene o tenemos un precio, pero el sector editorial y cultural no es la industria aeronáutica o de los trenes de alta velocidad y lo que podría pagar no son cantidades lo bastante sustanciosas para comprar una voluntad. Las presiones, influencias o condicionamientos existen: la cercanía de autores y críticos en frecuentes actividades, las migajas que pueden obtenerse de la industria editorial, las actividades que patrocinan los políticos... Pero todo ello es poca cosa como para que no pueda darse la independencia del crítico, al menos relativa. Los condicionamientos son de otra clase, y más decisivos. El gran condicionamiento es el propio medio: los títulos que selecciona para ser comentados, el espacio que le dedica a un libro, el lugar donde coloca la crítica, si le pone foto o no... El verdadero crítico es el medio.


EL EJERCICIO CRÍTICO

Como historiador de la literatura ¿cree que debe desligarse la literatura del contexto histórico? Hay algunos críticos e historiadores que abogan por otro tipo de sistematizaciones más relacionadas con la analítica del lenguaje o con lo ideológico. ¿Qué opina al respecto y cuál es su postura?

La historia y la crítica literaria cambian por temporadas. Formalismos y estructuralismos limpiaron mucha ganga impresionista, sicológica e ideológica. Pero mutilaron el componente moral y social que lleva todo texto, incluso los que parecen de más pura creatividad verbal. Luego se ha caído en los llamados estudios culturales y postcoloniales, a los que les da lo mismo la entidad artística de la obra y solo les interesa por lo que refleja de ciertas marginaciones históricas. Para mí, es imposible entender la literatura fuera de un contexto y sin tener a la vez en cuenta que es un arte. Mis trabajos han ido casi siempre en esta línea. Pero, para no enrollarme lo diré con palabras de Edmond Wilson con las que comulgo y que expresan mi parecer mejor que lo podría hacer yo. Le decía Wilson a su maestro Christian Gauss al enviarle El castillo de Axel: tengo "mi idea de lo que debería ser la crítica literaria: una historia de las ideas y de la imaginación del hombre en el marco de las condiciones que las determinan".

¿Cómo definiría el momento actual de la crítica literaria española en prensa? A menudo se ha acusado a la misma de cierto acomodamiento o de poco "punch"?

El momento de la crítica no es diferente del estado general de nuestra cultura, un tanto gris, y en la que faltan orientadores de opinión de reconocimiento generalizado. Las denuncias para desacreditar la crítica son amplias y generalizadas porque es cómodo atacar al eslabón más débil y suele salir barato. Es curioso cómo escritores que trapichean con los premios se despachan contra la venalidad crítica. Tirar al crítico se ha convertido en un deporte. Tengo una auténtica colección de perlas de esta clase. ¿Reblandecimiento de la crítica? Tal vez, al menos para los que gustarían de que el crítico fuera un killer, siempre claro, que no les toque a ellos. Yo prefiero, como he dicho, la crítica explicativa, firme pero templada, y no la que busca hacer sangre; y la crítica orientadora con una función pública.

Otro sambenito que suele acompañar a la crítica literaria en prensa es que hay críticos que únicamente hacen reseñas o críticas sobre libros o autores que les gustan. ¿Qué opina sobre esta afirmación? ¿Ha rechazado la crítica de algún libro?

No me parece mal el crítico que apuesta por un autor y lo sigue con constancia por creerlo alguien que merece que se llame la atención del público. Fue ejemplar el seguimiento que hizo Clarín de Galdós, y la publicidad que le hacía por considerarlo la máxima expresión y la más oportuna de la novela de su tiempo y para evitar que quedara a la par o por debajo de autores de menor valía. Estaría bien que uno pudiera escribir siempre de lo que le parece mejor. Pero considero una obligación dar cuenta de lo que va saliendo. Me parece inexcusable asumir los desiguales niveles de las novedades literarias. Es casi como un principio al que me someto voluntariamente. Aunque, para mí, las reseñas más desagradables no son las de los libros que me parecen desacertados sino las de los libros anodinos, esas obras que no son buenas ni malas sino todo lo contrario; que uno no puede ni aplaudirlas ni condenarlas. Se me suele notar que las solvento con el oficio y que hago una faena de aliño. Y sí, a pesar de ese principio, he rechazado más de una vez, aunque no muchas, criticar algunos libros. Sobre todo cuando no siento la suficiente independencia para decir libremente lo que pienso, a favor o en contra.

Las relaciones entre críticos y escritores es otro foco de curiosidad. ¿Cómo funciona esta relación en su caso? ¿Cree que existe incompatibilidad entre el ejercicio crítico y la relación personal con los autores?

No participo en tertulias ni pertenezco a ninguna clase de grupo, así que mi trato con autores no es de capillas. Además, llevo una vida un tanto anacoreta. Pero sí trato más o menos esporádica y circunstancialmente a buen número de autores, y con algunos, pocos, tengo relación amistosa. Estas relaciones dificultan la exposición clara de una opinión. Y no hablo de compadreo sino de que el afecto, la simpatía o la antipatía mediatizan la opinión. No me parece incompatible, pero tampoco muy aconsejable. Y, desde luego, me parece negativo el trato asiduo y generalizado de críticos y autores.

¿Ante la obra de un escritor novel cuál cree que debe ser la actitud del crítico?

Menudean los tópicos al respecto y existen hasta taxonomías sobre el trato que debe darse a un autor según su edad y grado de reconocimiento. El trato, pienso, ha de ser el mismo al novel que al veterano. Decía antes que la crítica ha de dirigirse al público, no al autor. Y añado que me molesta la actitud de maestro ciruela. Quizás con el novel pueda admitirse alguna concesión a este respecto. No está mal que se le adviertan los riesgos que empañan su trabajo cara al futuro. Y la actitud más grata es la de celebrar el nacimiento de una voz cuajada o prometedora. Leo mucho a los jóvenes y nuevos y procuro hacer propaganda cuando encuentro alguno que merece la pena.


LA LITERATURA ESPAÑOLA HOY

Manuel Vázquez Montalbán aseguraba a mediados de los noventa que las tendencias de aquel momento estaban ya presentes en los últimos años del franquismo. ¿Está de acuerdo con este apunte? ¿Cree que es todavía aplicable a la literatura española del momento?

En esencia, estoy de acuerdo con Vázquez Montalbán. El franquismo acabó antes en las letras que en las instituciones. Desde mediados de los sesenta se produjo la ruptura con las imposiciones de todo tipo que había padecido la literatura desde la guerra. Fue el inicio de un proceso de normalización y modernización de la literatura, de una voluntad de escribir sin hipotecas. La mayor parte de las tendencias distintivas del cambio no han sobrevivido, sólo la obra en marcha de los autores de la generación de los amenes de la dictadura, la de los novísimos y antinovísimos. Desde los años 80 se ha impuesto una pluralidad, casi caos, de vías; han irrumpido otras orientaciones por completo ajenas a las que definieron la transición literaria y, además, un fenómeno in crescendo, la comercialidad intrínseca, ha marcado con fuerza nuestra literatura; o, mejor, la narrativa, que viene a ser hoy la única manifestación literaria de dimensión popular o general.

A menudo se señala que los autores que han encauzado unas trayectorias literarias más sólidas son autores que empezaron su producción literaria en los años setenta (Pombo, Marías, Vila-Matas, Mendoza, Luis Mateo Díez…) mientras que los escritores surgidos en los ochenta y noventa (Miñana, Alejandro Gándara, Llamazares, Muñoz Molina, García Sánchez…) han desarrollado trayectorias de un perfil más bajo. ¿Estaría de acuerdo con esta afirmación?

Esa impresión la puede producir el hecho de que los primeros tienen una obra más amplia. Para una valoración de este tipo habrá que esperar a ver qué siguen haciendo los segundos. Por otra parte, no creo que pueda decirse que Muñoz Molina o Belén Gopegui, Ovejero o Menéndez Salmón tienen perfil bajo.

En los últimos diez años se podría destacar la aparición de la literatura norteamericana como referente directo en algunos autores (Loriga, Eduardo Lago, Fernández Mallo y la llamada Generación Nocilla…) ¿Qué opinión tiene sobre esta influencia? ¿Es la cultura globalizada un riesgo para las literaturas nacionales vertebradas desde hacer varios siglos?

La influencia norteamericana es anterior. Sorprende ver el peso que, en sentidos muy distintos, tuvo Faulkner en los oscuros y autárquicos años cuarenta. Y en el decenio siguiente, los jóvenes de entonces tuvieron muy presentes a los autores de la generación perdida, aparte, claro, de italianos y franceses. No creo que se trate de un impacto de la cultura globalizada. Me parece un caso de sustitución de referentes extranjeros causado por el decaimiento de algunas culturas nacionales europeas que vienen padeciendo un largo periodo de atonía. La novela americana ha sido más atrevida y creativa, ha desplazado en buena medida a la inglesa, francesa, italiana y alemana en los últimos tiempos. Por otra parte, en las influencias también hay fenómenos de moda. Ha ocurrido con el influjo de cierta narrativa centroeuropea densa bien poco común con nuestras formas habituales, más realistas y directas.

Por último nos gustaría que nos definiera a modo de fotografía el momento actual de la narrativa española, alguna recomendación, autores…

Es complicado hacer una fotografía de la actualidad y que dentro de ella entren los rasgos definidores, cantidad, variedad y algo de epigonismo. Hay, me parece evidente, un contraste enorme entre la novela de consumo y la novela creativa. Hay, también, una inquietud por el futuro del género, o, mejor, por las peculiaridades que ha de tener la novela para que sea actual, para que se inserte en la sociedad de Internet, de los blogs, del video clip, del fanzine... Veo como una incertidumbre, en los autores más atentos, sobre qué hacer en la disyuntiva actual, a un lado una novela que se siente antigua y no termina de convencer y en el contrario otra innovadora que no acaba de definirse. Si dejo fuera a los autores con obra casi cerrada o los ya plenamente reconocidos (Esther Tusquets o Marsé y los algo posteriores Luis Mateo Díez, Merino, Mendoza, Vila Matas), las recomendaciones son muy arriesgadas y corren el riesgo de injustos olvidos. Recomiendo algún medio olvidado a pesar de la categoría de su obra: Juan Eduardo Zúñiga o Antonio Rabinad. Más conocido pero no lo que merece, Rafael Chirbes. Y más jóvenes, Ovejero, Gopegui o Isaac Rosa. Pero no se tomen como la lista de un canon. Son algunos nombres que me salen a bote pronto.

Un abrazo, Santos, y mil gracias por su colaboración. Estamos encantados con ella.

(Entrevista publicada en el número 7 de Paralelo Sur: Barcelona, diciembre de 2009)

sábado, 2 de enero de 2010

LA CRÍTICA LITERARIA ( I ) : ENTREVISTA A JUAN ANTONIO MASOLIVER RÓDENAS



(Entrevista publicada en el número 7 de la revista Paralelo Sur; Barcelona, diciembre de 2009) de Fernando Clemot


SOBRE CRÍTICA LITERARIA EN PRENSA

Poeta, ensayista, novelista, crítico literario. Parece que pocos aspectos de la vida literaria han quedado ajenos su trayectoria, pero si tuviera que definirse con una única de ellas ¿con cuál de todas estas facetas se quedaría?


No es lo mismo “con cuál me quedaría” que cuál se impone. Para bien y para mal la que se impone es la de crítico, por los años que llevo ejerciendo, por lo que he ido aprendiendo del oficio, por la relativa independencia –y digo relativa por que las presiones son enormes- y, bueno, porque los escritores leen a los críticos pero no se leen entre ellos. ¿Con cuál me quedaría? No creo que nadie pueda obligarme a quedarme con una, pero de todos modos me considero por encima de todo poeta y creo que todo lo que leo y escribo se ve enriquecido por mi experiencia como poeta.


· Siento repetir la pregunta pero la considero importante: ¿cuál cree que es el papel que debe ejercer la crítica literaria en prensa en la actualidad?


Es importante distinguir entre prensa, revistas culturales y revistas académicas y especializadas. En prensa (en la actualidad y antes de la actualidad, o sea, siempre) el crítico ha de saber informar, aunque sea mínimamente, sobre el autor, explicar en qué consiste el libro, situarlo en el contexto de su obra y de la época, señalar los aspectos originales y sus límites y recomendar o no la obra, olvidándose, si es posible, de las presiones del autor, del editor o del propio suplemento. Ha de que dejar claro, aunque no se diga de forma explícta, a qué tipo de lector se dirige y, aunque el lector ha de adivinar y aceptar nuestros gustos, nosotros no podemos limitarnos a lo que nos gusta sino a lo que puede gustar a otro tipo de lector. A mí, por principio, no me interesan los bestsellers, pero sé que unos son más buenos que otros y que interesan a muchos lectores.


· Muchas veces nos quedan en el recuerdo las cronologías de escritores, de novelas, los movimientos aunque no solemos recordar tanto de la crítica. Usted ha ejercido como crítico en prensa durante las cuatro últimas décadas ¿Nos podría desarrollar una breve cronología ilustrada de la crítica literaria en prensa en las últimas décadas?


No, no podría. Puedo señalar a algunos críticos que he leído con interés a lo largo de los años, que son muchos pero no tantos como tiene el planeta; los míos puedo contarlos y los del planeta no. Me eduqué en la crítica de mi tío Juan Ramón Masoliver, con el que viví durante muchos años, y de él aprendí lo importante que es tener una formación de humanista, de conocer otras culturas y otras lenguas, de ser sobre todo lector de poesía, y tantas otras virtudes, aunque no comparto su barroquismo: el crítico, por encima de todo, ha de comunicar, sin perder por ello su rigor ni su riqueza expresiva. Leía siempre a Antonio Vilanova en las páginas de Destino. La suya era una crítica meticulosa, atenta tanto a lo nacional como a lo extranjero, especialmente lo francés, lo italiano y lo norteamericano, y era un profundo conocedor, como pude comprobar cuando lo tuve de profesor en la Universidad de Barcelona, de la literatura clásica. Sus clases sobre novela picaresca eran magistrales. El Rafael Conte de Informaciones y, durante algunos años, de El País, fue el primero en inaugurar una crítica moderna adaptada a los nuevos tiempos, en encontrar un equilibrio entre conocimiento crítico y periodismo. Era un excelente comunicador. Luego se tomó en serio lo del poder y se volvió algo trapacero. Un talento malgastado. Me sieguen interesando sus críticas sobre literatura francesa. Nadie podrá negarle su pasión por la literatura.

Ignacio Echevarría, al igual que en sus tiempos Conte, ha sabido crear una crítica para una nuevo tipo de lector, el nacido en la democracia. Es inteligente, tiene garra escribiendo, se ha interesado por autores no necesariamente conocidos pero de gran valor. Le mata su arrogancia y su exhibicionismo. Su ferocidad ha sido muchas veces innecesaria. Se ha ensañado con autores noveles y, por razones creo que personales,. con autores respetables. No ha sido tan consecuente a la hora de juzgar a amigos suyos. Respeto y hasta admiro al crítico genuino y no me interesa nada el exhibicionista. Finalmente, dentro de la crítica actual, aprecio especialmente a José María Pozuelo Yvancos y me identifico con él. Solemos coincidir en nuestros gustos y disgustos y es crítico riguroso pero sin ensañamiento. Por supuesto hay muchos otros críticos que leo con interés, y en contra de lo que se dice por decir, amantes como somos de los tópicos, el nivel medio de la crítica española es bueno, muchas veces más bueno que los medios que la acogen. Por supuesto, estoy hablando siempre de crítica de novela. La poesía tiene hoy excelentes críticos que son o no son excelentes poetas.


· ¿Cree que la crítica española está en un buen momento? ¿Qué defectos, virtudes o características cree que la diferencian de otras críticas literarias nacionales?


En parte ya lo he contestado con la pregunta anterior. La crítica está en un buen momento, los suplementos literarios no tanto. Tal vez falte una formación más amplia, un conocimiento de otras literaturas y de otros críticos. Yo aprendí mucho del pragmatismo de la crítica inglesa, más atenta a informar sobre la obra que a hacer exhibiciones de talento. En general, la crítica francesa me resulta indigesta, pedante y llena de estilo. La italiana está a nuestro nivel. La más fiable es la norteamericana, en la que es frecuente el crítico que es al mismo tiempo creador y que habla desde el interior del oficio.


* Quizá uno de los acontecimientos que más han dado que hablar en los últimos años ha sido el llamado “caso Echevarría”, en el año 2004. ¿Nos podría dar alguna opinión sobre el mismo?


Del crítico Echevarría ya se ha hablado. El “caso Echevarría” es otra cosa, porque nos afecta a todos. Un periódico no tiene que boicotear o expulsar de sus páginas a un crítico por sus ideas, sobre todo si son las mismas que tuvo cuando le contrataron (en el caso de que tuviese un contrato; ésa esta otra historia más turbia). Por lo que afecta personalmente a él, lo más grave es que la represalia vino porque se criticaba a un escritor “de la casa” e, igualmente grave, el periódico estuvo utilizando a Echevarría, jaleando su mala leche y su indefensible y hasta inmoral postura de “yo a este escritor me lo cargo”. Bernardo Atxaga es un buen escritor y no se merecía el palo, pero esto no da derecho a castigar al crítico. De ser así, somos varios los críticos que habríamos sido ya encarcelados. Resumen: Echevarría escribió una crítica a mi parecer no sólo injusta sino insultante e injuriosa. La querella era pues entre Atxaga y Echevarría. La indignación, por parte de muchos lectores. Pero más grave es la actitud del periódico que le castigó y que le castigó por cosas por las que antes había sido premiado. Que un periódico nacido con la democracia acuda a la censura, es alarmante.


· ¿Podría recordarnos algún momento del que se sienta especialmente orgulloso o considere destacable de su trayectoria como crítico?


Es muy fácil pensar bien de uno mismo (no tanto como para cegarnos a la hora de escribir: el sentido autocrítico es fundamental). Me siento relativamente orgulloso de haber insistido en el valor de autores como Mariano Antolín Rato, Enrique Vila-Matas, Bolaño, y, aunque no lo necesitaba, Javier Marías, y de interesarme por autores jóvenes o desconocidos. De mi interés, cuando interesaba a muy pocos críticos, por la literatura latinoamericana. También de no haberme limitado a la novela (no escribo más sobre poesía porque no es lo que piden los suplementos, que se deben a sus lectores) ni a la literatura española. Y, finalmente, de no “envejecer” como crítico. He aprendido y sigo aprendiendo a ser igualmente exigente pero más ecuánime, más comunicativo y más “creativo”. Y no pierdo la pasión por la crítica ni por las opiniones ajenas.


SOBRE LITERATURA ESPAÑOLA


· Nos gustaría que nos trazara un cuadro o fotografía fija del actual momento de la literatura española.


De nuevo, creo que estáis pidiendo demasiado. Una fotografía sería un fichero, y desde mis años universitarios detesto los ficheros . Tenemos la suerte de que el marco narrativo es, cronológicamente, muy amplio.

Desde Ana MaríaMatute, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo o Juan Marsé a los más jóvenes, pasando por la “generación” más visible, la de los Marías, Vila-Matas y tantos otros. Lo que más celebro es la diversidad y la independencia de la mayoría de los escritores, cada día menos esclavos de los grupos y las etiquetas generacionales. Creo que no están saliendo grandes autores, pero el nivel medio es alto. Lamento el excesivo y mal digerido interés por la literatura extranjera en detrimento de la tradición nacional y el desconocimiento de los clásicos. Un cuadro bastante completo de la escritura de los escritores de la transición a nuestros días está ya en mis Voces contemporáneas, publicado en 2004.


* En su trayectoria destaca el peso y la relación que ha tenido con el ámbito anglosajón (fue lector en el Trinity College y durante muchos años ejerció cargos en el Instituto de España en Londres) por lo que creemos que su opinión es importante conocer su opinión sobre asunto... ¿Qué opina del peso que empieza a ejercer la literatura norteamericana en la literatura española? ¿Están amenazadas las literaturas nacionales en un mundo globalizado?


Fui lector en Trinity Collage y durante muchos años fui catedrático de literatura española y latinoamericana en la Universidad de Westminster, de Londres. Viví dos años en Dublín, he pasado frecuentes y largas temporadas en Italia, he visitado regularmente París y he residido durante treinta y cinco años en Londres. He escrito esporádicamente reseñas para el Higher Educational Supplement y, más regularmente, para la desaparecida revista South.. Todo esto me ha permitido ampliar mi visión de la cultura y de las artes. Pero no me siento ni “global”, ni “internacional” ni español. Soy de los lugares en los que viví, entre ellos, por supuesto, la ciudad de Barcelona y El Masnou o, si se prefiere, el Maresme.

El mundo globalizado existe sólo en algunos terrenos y de una forma clara, como estamos viendo, en la economía, pero no en literatura. No sabemos nada de las literaturas asiáticas o africanas, con excepción de los escasos autores que impone el mercado; ni siquiera conocemos las literaturas extranjeras mejor de lo que se conocían antes. El conocimiento de otras literaturas es saludable, mientras no se convierta, como he señalado al principio, en imitación. La influencia norteamericana hace años que existe. Novelistas como Faulkner, Hemingway, Steinbeck, etc. tuvieron una fuerte presencia en los escritores de la década de los sesenta. Baste pensar en un libro como Las afueras, para mí de lo mejor de Luis Goytisolo. Luego vino el realismo sucio alentado por Ray Loriga o el realismo salvaje de algunos narradores actuales. Y está también la influencia todavía más poderosa del cine. Menos peso han tenido los escritores ingleses, con excepción de los de los angry young men o jóvenes airados. Creo que la literatura es ahora menos mimética. En un tiempo contaron escritores franceses, sobre todo los de la école du regard o escuela de la mirada, italianos como Pavese o Pratolini y, más tarde, Calvino, aunque tal vez a través de Borges. Y está, claro, la presencia mucho más visibles de los latinoamericanos, facilitada por el hecho de tener una lengua común, un dato importante en un país con un conocimiento tan pobre de la otras lenguas.


· Domingo Ródenas nos señala que en muchos autores jóvenes se “se echa de menos mayor conciencia respecto al instrumento verbal”( Ínsula. Núm 724: abril de 2007) ¿Se escribe mal? ¿Está de acuerdo con esta afirmación? ¿Tiene alguna apreciación que hacer sobre ella?


Creo que no es lo mismo tener poca conciencia respecto al instrumento verbal que escribir mal. ¿Qué significa escribir mal? Dostoiesvki escribía mal y, si me apuráis, Juan Marsé, por suerte para todos nosotros, “escribe mal”, es decir, no escribe como Delibes o Luis Mateo Díez; de otro modo sería ya de la Real Academia, o no lo sería porque es lo último que él quisiera y lo último que le deseamos todos; o tendría el premio Cervantes, algo que hay que ser muy rico para despreciarlo. Pero coincido con Ródenas y no sólo por parte del apellido. No es que se escriba mal sino que hay pobreza expresiva y esto se debe a una falta de lectura de los clásicos, y por clásicos incluyo a los narradores de la primera mitad del siglo XX. Y se lee de forma dispersa. La lectura, para un escritor, no es sólo un placer sino también una disciplina.


SOBRE LITERATURA CATALANA


· Este número 7 de la revista Paralelo Sur tiene un dossier dedicado a la literatura catalana. ¿Como definiría el momento actual de esta literatura? ¿Considera que hay un desconocimiento de ella en el resto del Estado?


No leo demasiado a los narradores catalanes actuales, con excepciones, como Robert Saladrigas, Valentí Puig, Quim Monzó, Sergi Pamies, Miquel de Palol y pocos más. Por leerlos quiero decir frecuentarlos lo suficiente como para arriesgarme a dar una opinión. Pero si no los frecuento es porque los que leo, con excepción de los mencionados, no me estimulan. No es el mejor momento para la literatura catalana, incluso en poesía, que cuenta con muy buenos poetas pero escasos. No veo un sólido cuerpo narrativo o poético, y creo que esta es la razón por la que se la conozca poco. Es difícil exportar a escritores aislados.


· Quisiera ser exacto en la anécdota... En cierta conferencia el poeta Enric Sòria, para definir a la crítica literaria catalana, puso el ejemplo del violinista en el ghetto de Varsovia al que nadie le decía que desafinaba por la situación provisional y de penuria en que vivían... Anécdotas aparte aunque en relación a la anécdota, ¿cree que existe una cierta complacencia en la crítica literaria catalana?


Lamentablemente no sólo en literatura. Pero desde luego es cierto que hay complacencia en nuestros críticos, parecería que criticar a nuestros escritores es equivalga a ser menos catalán. Ser catalán se ha convertido no en una naturaleza sino en una causa, y las causas llevan al peor nacionalismo y a la falta de crítica. Lo que necesitamos son grandes escritores, no grandes causas. Y no deja de ser triste que en momentos de mayor libertad el lenguaje de la mayoría de los que escriben en catalán sea muy pobre o, peor, artificial. Poco dado a la nostalgia como soy, tenemos derecho a añorar los tiempos de Josep Pla, Mercedes Rodoreda, Pere Calders o Joan Perucho, de J.V. Foix, Joan, Carles Riba, Joan Vinyoli o Salvador Espriu. Situación provisional, ¿en qué sentido? Como país podríamos estar todavía mejor, pero estamos mucho mejor que hace treinta y cinco años. La penuria editorial es bien visible. Creo que no hay una verdadera dinámica creadora, y gran parte de la culpa es nuestra, empezando por los políticos y los gestores culturales. No sólo hay que ser catalán. Hay que saber serlo. No sólo hay que escribir en catalán. Hay que saber escribirlo.


Un abrazo y mil gracias por la entrevista.

RECORRIDOS LITERARIOS POR LISBOA ( y II )


1. Cementerio de los Placeres
El particular nombre de este camposanto -lugar poco dado a los excesos mundanos- parece tener su origen en el título de un fado, y es buena muestra tanto de la ironía, que revestida de nostalgia encierra este singular estilo, como del propio carácter lisboeta. En este cementerio están enterradas insignes figuras de las artes y las letras portuguesas, como Fernando Pessoa, Cardoso Pires o la fadista Amalia Rodrigues, que fue despedida por Lisboa entera con honores de Jefe de Estado.

2. Casa Museo Fernando Pessoa (Rúa Coelho da Rocha, 16)
Inaugurado en 1993, el museo Fernado Pessoa se sitúa en la última morada del poeta, cuya estructura ha sido alterada por la arquitecta Daniela Ermano para adaptarse a las necesidadesdel museo. En él se puede ver una exposición permanente con obras de Almada Negreiros (Retrato de Fernando Pessoa en el Café Irmãos Unidos), Júlio Pomar, Bartolomeu dos Santos, Antonio Costa y Rodríguez Castañé. La habitación del poeta es escenario de representaciones de las obras del poeta por parte de artistas plásticos. Sus salas acogen exposiciones sobre poetas.

3. O Procopio (Alto de Sao Francisco, 21 A)
El lujo que envuelve O Procopio lo hace figurar en las guías más selectas del mundo. Detalles Art Decó, butacas de terciopelo y candelabros de Guimard le dan un ambiente burgués que no ha sido óbice para que se haya convertido en refugio de poetas, políticos y artistas. Todos los años otorga el premio O Procopio, uno de los más consolidados de la ciudad, a personajes relevantes de la vida intelectual. Como curiosidad destacamos la fuente de su puerta, convidando al sediento de agua a echar un trago.

4. Hotel Bragança (Rúa do Alecrim)
En este hotel se celebraron las famosas cenas de "Os vencidos da vida", tertulia que acogía a los protagonistas de la vida literaria, social y política de la Lisboa de finales del siglo XIX. Entre ellos se encontraban figuras de la talla literaria de Eça de Queirós, Ramalho Ortigão, Guerra Junqueiro, Oliveira Martins y Antero de Quental, y de la talla política del Conde de Sabugosa, del Marquês de Soveral, de Carlos Mayer o del Conde de Ficalho, que intentaron regenerar la sociedad portuguesa llegando a constituir un grupo generacional: el de los 70. Próximamente acogerá la Casa de Eça de Queirós.

5. Café British (R. Bernardino da Costa, 52)
Situado junto al puerto fluvial de Casi do Sodrè, el British Bar aún conserva el regusto canalla y cosmopolita, de muelle, que atrajera a literatos y artistas como los pintores Bernardo Marques y Carlos Botelho. Intelec-tuales y escritores se codean con contrabandistas y estibadores del puerto del brazo de niñas bien en este bar donde, como curiosidad, hay un reloj cuyas agujas corren en sentido contrario, sumergiendo al parroquiano en el pasado más sabroso.

6. Café O Americano (R. Bernardino da Costa, 35)
Algo venido a menos, O Americano tuvo su época de esplendor en los años 30, cuando era lugar predilecto de los funcionarios suecos, daneses y británicos de las compañías navieras del vecino Cais do Sodré. Su impresionante urogallo embalsamado fue testigo, desde el altar de la pared, de las copas más madrugadoras que trasegó Fernando Pessoa.

7. Pavilhao Chinês (RúaDom Pedro V, 89 - 91)
Antigua tienda de especias, el Pavilhao Chinês recibe al curioso con busto d e l a R e p ú b l i c a Portuguesa y una formidable barra victoriana (ironía no siempre apreciada). Utilizado como escenario de múltiples películas, en su interior destaca, entre una multitud de objetos diversos, la colección de "manguitos zé povinho", unas jarras con la figura del original personaje creado por Bordalho Pinheiro que refleja el sentir popular ante los desmanes políticos con un expresivo corte de manga.

8. Estatua de Sao José Tomás (Campo dos Mártires de la Patria)
Los equívocos y las estatuas parecen estar unidos en Lisboa. Como en el caso de la del Doctor Sousa Martins (1843 - 1897), célebre científico, médico ilustre y hereje confeso, que por obra, gracia e insistencia de un puñado de fieles, enterados de sus prodigiosas curaciones en vida, ha sido recientemente elevado a los altares con el nombre de Sao José Tomás. Junto a la estatua se pueden ver pequeñas placas votivas de mármol.

9. Café Portugal (Rossio)
Este café, que antes de desaparecer estaba situado en plena plaza del Rossio, fue el epicentro de las tertulias de la resistencia política y literaria frente a la dictadura de Salazar. Mario Soares, ex-presidente de la república, Azeredodo Perdigão, presidente de la Fundación Gulbenkian, Abel Salazar, José Fernandes Fafe, escritor y ex-embajador de Portugal en Cuba, México y Argentina, João José Cochofel, Carlos de Oliveira y José Gomes Ferreira (de quien se decía que tenía los cajones repletos de versos), fueron algunos de sus tertulianos, siempre vigilados atentamente por agentes de la PIDE, la policía secreta salazarista.

10. Café Nicola (Praça Dom Pedro IV (Rossio) 24/25)
Frecuentado por Pessoa, en sus intercambios intelectuales con Mario de Sá-Carneiro, el actual café Nicola, situado al lado oeste de la plaza del Rossio, data de 1929, aunque el original era muy anterior. Uno de sus habituales más destacados fue el poeta satírico Manuel Maria Bocage (1765- 1805), que, en palabras de Cardoso Pires "entre rimas y panfletos, conspiraba contra la sociedad de policías y monjesespías que lo llevarían a prisión". Su estatua en bronce se encuentra junto a al entrada.

11. Café Gelo (Rossio)
El café Gelo, hoy desaparecido, fue el centro de gravedad del surrealismo lisboeta. Desde sus tertulias Raúl Leal reclamaba un Portugal esotérico y ocultista y el gran poeta Herberto Helder, también cabalista y alquímico, excelente dominador del lenguaje en castellano y portugués, introdujo en Portugal versiones de textos poéticos de otras culturas y lenguas.

12. Dom Pedro IV (Rossio)
Este curioso detalle de la plaza del Rossio es uno de los más representativos de la singularidad del carácter portugués, que tantos ríos de tinta ha hecho correr. La estatua representa a Don Pedro IV de Portugal, al que se le dedica la plaza, pero, sin embargo, la figura, encargada a un escultor francés, parece ser la del emperador Maximiliano de México, traída a Portugal tras el asesinato de este. La polémica está servida, pero el lisboeta, socarrón, encuentra más gusto en lo gracioso del caso que en la verdad de los hechos.

Citas


Sobre el Cementerio dos Prazeres

"...he recordado que los domingos los gitanos venden cosas en la entrada del Cementerio dos Prazeres, venden de todo: zapatos, medias, camisas y camisetas, vamos donde los gitanos, mi único problema es que no sé llegar hasta allí, es decir, se vagamente dónde queda el Cementerio dos Prazeres..."

"...es fácil, dije, entra en el Largo Camôes y allí, donde está la joyería Silva, coge la calle que desciende, que es la Calçada da Estrela, y cuando llegue al Largo da Estrela enfila por Domingos Sequeira hasta Campo Ourique, ahí tiene que tomar a la izquierda por Saraiva de Carvalho, que nos lleva derechitos al Largo do Cementerio dos Prazeres..."

Antonio Tabucchi “Réquiem”

Rúa Rodrigo da Fonseca, 66 (Casa de Pereira)
"...Claro, dijo Pereira, la redacción soy yo, estoy en Rúa Rodrigo da Fonseca, número sesenta y seis, cerca de la Alexandre Herculano, a dos pasos de la carnicería judía, si se encuentra a la portera en la escalera no se asuste, es una bruja, dígale que tiene cita con el señor Pereira..."
Antonio Tabucchi: "Sostiene Pereira", 1994

Casa del Alemtejo (R. de Portas de Santo Antao, 58)

"Todos por el Alentejo/ el Alentejo por la patria”, decía la inscripción sobre la puerta. Subí por una gran escalinata que desembocaba en un patio morisco, con una fuente, una vidriera y unas columnas de mármol iluminadas por cirios rojos, como los que se usan en las sacristías. Era un lugar de una belleza absurda..." (pág. 100)
Antonio Tabucchi, "Réquiem", 1991

viernes, 1 de enero de 2010

RECORRIDOS LITERARIOS POR LISBOA ( I )


1. Casa Havaneza (Largo do Chiado, nº25)
Uno de los cafés más literarios de Lisboa es sin duda Casa Havaneza, donde tuvieron lugar hasta los años 40 tertulias y charlas en las que intervinieron personajes como Eça de Queiroz y Ramalho Ortigao. Situado junto a A Brasileira, en puridad, la estatua de Pessoa se encuentra delante este establecimiento y no de su celebérrimo vecino.

2. A Brasileira (Rúa Garrett 120)
Es sin duda uno de los lugares más famosos de Lisboa. Frecuentado por escritores y artistas, A Brasileira es un café Art Nouveau del arquitecto Norte Júnior. Sobre sus paredes de espejos dorados, se encuentran obras de artistas como Baptista, Hogan, Azevedo, etc. que han sustituido las de la generación anterior, de Almada Negreiros, Eduardo Viana, o Stuart Carvalhais. En la terraza, uno se puede tomar un café junto a a la estatua de Fernando Pessoa - habitual del café -, obra de Lagoa Henriques.

3. Livraria Bertrand (Rúa Garrett 73-75)
Fundada por Pedro Fayre en 1732 y destruida por el terremoto de 1755, la librería Bertrand abrió sus puertas en el Chiado en 1773, lo que la convierte en la librería más antigua de Europa. Por su tertulia ha desfilado lo más granado de la literatura portuguesa, desde Alexandre Herculano hasta Cardoso Pires o Urbano Tabares, pasando por Oliveira Martins, Eça de Queirós, Antero de Quental, Ramalho Ortigão o Aquilino Ribeiro, a quien se le ha dedicado un ala del local.

6. Estatua de O Chiado (Largo do Chiado)
El nombre de Chiado se debe, según las teorías más verosímiles, al apodo de un fraile purtero y corrupto, Antonio Ribeiro "O Chiado", que en el siglo XVI destiló veneno en sus jocosos versos y que obtuvo como premio una estatua desde la que observa socarrón a la de Pessoa; poeta menor mirando al poeta mayor desde la irónica altura (carácter portugués obliga) que le otorga el haber dado nombre al barrio intelectual, literario y artístico por excelencia no solo de Lisboa sino de toda Portugal.

7. Librerías del Chiado (Barrio del Chiado)
Como barrio literario por antonomasia, no faltan en el Chiado las librerías anticuarias: como la Ferin, especializada en heráldica y genealogía portuguesa; la Alcalá, con muchos libros españoles, y traducciones de obras de filosofía, etnografía y poesía; Campos Trindade, que ofrece una gran variedad de grabados y cartas antiguas; Antiquária do Calhariz, con preciosidades en las áreas de impresión bibliográfica; o Artes y Letras, en la que se encuentran antigüedades curiosas.

8. Museo del Chiado (Rúa Serpa pinto, 6)
Concebido como Museo Nacional de Arte Contemporáneo, está situado en un almacén reformado por el arquitecto Jean Michelle Wilmotte, en el centro del Chiado. Sus doce salas presentan una muestra del arte de entre 1850 y 1950 (del romanticismo al modernismo) que se centra principalmente en autores lusos, aunque también hay obras internacionales, como los dibujos de Rodín. También realiza exposiciones sobre artistas noveles.

7. Hotel Borges (Rúa Garrett, 108-110)
A pesar de no haber sido posada de escritores famosos, otros son los méritos literarios del Hotel Borges: en primer lugar, su situación en la Rúa Garret, alma de Chiado, barrio literario por excelencia; en segundo lugar, por la leyenda de que era en este lugar donde el dictador Salazar se citaba con sus múltiples amantes, lo que ha servido de recurrente argumento literario.


8. Café Martinho da Arcada (Rúa da Prata, 2 - Praça do Comércio 3,)
Antaño conocido como Café da Neve, el café restaurante Martinho da Arcada, cuyo autor se desconoce, data de 1778. Sus azulejos forman la figura, obra de Angelo de Sousa, de Fernando Pessoa, que escribió en este lugar gran parte de sus poemas. Sobre todo los del único libro que publicó en vida: Mensagem. En este local solía también fantasear con otros poetas crepusculares.

9. Joyería Moitinho (Rúa da Prata)
En esta joyería, situada en el corazón comercial de la Baixa, en la Rúa da Prata, escribió Fernando Pessoa gran parte de su Livro do Desasosego, aprovechando el tiempo libre que le dejaba su empleo (nunca regular) de redactor de cartas en inglés. La otra parte del libro la escribió en los restaurantes de la cercana Rúa dos Douradores.

10. Teatro de Sâo Carlos (Largo de Sâo Carlos)
De fachada sobria, inspirada en la de la Scalla de Milán, el Teatro Nacional de Sâo Carlos es un edificio neoclásico del arquitecto José da Costa e Silva, pionero en la expresión lúdica de la ciudad. Su temporada de teatro y ópera, además del hecho de estar situado frente al edificio donde nació Pessoa (el núm. 4), avalan su genuino carácter literario.

11. Casino Lisboniense (Rúa Serpa Pinto)
El Casino Lisboniense albergó las celebérrimas "conferencias democráticas", que marcan el inicio del realismo como forma de pensamiento y expresión del arte en Portugal. Organizadas por el grupo del "Cenáculo", integrado por doce de los protagonistas del intento de reforma universitaria que supuso la "cuestion Coimbra", su objetivo era concienciar sobre lo problemas que provocaban la decadencia del país y su alejamiento de la Europa culta. Estaba prevista la celebración de doce conferencias, pero el 26 de junio de 1871 la prohibición del ministro del reino, el Marqués de Ávila e de Bolama, impidió que se celebrasen más de cinco, siendo la más importante la de Eça de Queirós: A Literatura Nova; O Realismo como Nova Expressão de Arte.

Citas

Sobre el Hotel Bragança. (Rúa Vitor Cordon, 45.)
Lugar de encuentro de "Os vencidos da Vida" (Ramalho, Eça, Antero de Quental…)

"…estos hombres constituyen tal maravilla social que en el futuro, en el orden moral de las cosas, se hablará de los doce del Bragança como en la lista de las causas heroicas se habla de los doce de Inglaterra…"
Eça de Queirós, Diario "O tempo", 29 de marzo de 1889)

"...había un tramo empinado de escalera, y sobre el arranque del pasamanos, abajo, una figura de hierro fundido levantando en el brazo derecho un globo de cristal..."
José Saramago: "El año de la muerte de Ricardo Reis", 1984

Sobre el Café Tavares (Rúa da Misericordia, 37)

“...balbuceó que el señor Vilaça no debía tardar, si hubiese atarvesador en el vapor de las nueve para Sastre...Ega descendió desesperado.
- Bien-gritó al cochero- Vaya al Café Tavares...”
Eça de Queirós: “Os Maias”,
1888

Sobre el Jardín de San Pedro de Alcántara

“...habían entrado en SanPedro de Alcántara: unaire dulce circulaba por entre los árboles más verdes; el suelo compacto, sin polvo, mantenía una ligera humedad y a pesar del vivo sol, el cielo azul parecía leve y remoto...”
Eça de Queirós: “El primo
Basilio”, 1878.

Sobre Cesário Verde (1854-1886)

Sede del negocio familiar en a Rúa dos Fanqueiros, 2-12. Allí trabajó la mayor parte de su vida. Su obra poética sólo fue editada y valorada tras su muerte.

Rúa Ivens, antigua Rúa San Francisco (Casa de Maria Eduarda Resende, mujer de Eça)

“...recorrió la rúa San Francisco de vuelta a casa, bajo la noche estrellada, divagando, pensando en la dulzura de aquel gran amor...”
Eça de Queirós: Os Maias,
1888.

(Artículo aparecido en el número 0 de la revista Paralelo Sur, octubre de 2004)

EL PABELLÓN DE LA SEÑORITA SAY: SOBRE LA MISTIFICACIÓN DE CAMILLE CLAUDEL



" ...el palacete Biron no está todavía preparado. La idea de incluir algunas esculturas de la señorita Say (trascripción fonética de la señorita C.) me procurará un gran placer..."
Carta de Auguste Rodin a su amigo Morhardt, 1912

Cuesta arrancar la azarosa vida de Camille Claudel (1864-1943) de las garras del que fue su amante y maestro durante quince años, Auguste Rodin, sacarla del anecdotario de los dos musa-genio (Modigliani-Jeanne Hebuterne, Dalí-Gala...) Su obra ha tenido otras amenazas; no menos reduccionista ha sido su encasillamiento como monumento de la lucha feminista, se ha creado con todo ello un arquetipo alrededor de su figura que impide que se valore a la artista por el peso de su obra. Se impone rescatar a la artista del lastre insoportable de su anecdotario vital, a la escultora de la amante.

Porque el talento de Camille Claudel fue mucho más allá de ser la musa de una de las figuras más importantes de la escultura, fue una artista excelente, innovadora, posiblemente una de las figuras más destacadas de las últimas décadas del siglo. Fue una buena alumna y tuvo inmejorables maestros, supo incrementar su talento con las enseñanzas de Alfred Boucher, su primer profesor que hizo que entrara en la prestigiosa Academia Colarossi, Dubois y el propio Rodin. Hacia 1880, no se podían elegir mejores maestros.

Cuando conoce a Rodin (1840-1917) él tenía cuarenta y tres años y Camille diecinueve. Él ya era un escultor de cierto renombre y al conocer a la joven no le deslumbrará únicamente solo su belleza si no que reconoce en ella un alma gemela, alguien que como él vivía por y para la escultura, alejada del Academicismo del momento, alguien que buscaba la vitalidad en los perfiles, una artista que deseaba dotar a la piedra de emoción y movimiento.



"Querida, me arrodillo cada día ante tu cuerpo hermoso, lo abrazo..." (Carta de Rodin a Camille Claudel, 1885)

Pronto se reconocerían en las esculturas de Rodin el rostro y el cuerpo de la joven. Crece el escándalo -él estaba comprometido desde 1864 con Rose Beuret- y esta relación con tintes de novela rosa modificaría para siempre la biografía y la percepción de la obra de Camille Claudel. Progresa la relación en uno de los mejores momentos creativos de Camille, que en estos primeros años se complementa perfectamente con Rodin, la interacción de deseo y pasión artística acaba siendo muy beneficiosa para ambos. Se ha especulado con la intervención directa de la joven en algunas figuras de la monumental "Puerta del infierno" (1883-4) pero no se ha podido probar tal colaboración. De estos primeros años de relación son fruto "El beso" y "La aurora", por parte de él, y "El vals" y "El abandono" que serán las principales creaciones de Camille en estos primeros años.

Existirá en estos años -especialmente entre 1885 y 1892- una comunicación muy fructífera entre ellos. Son los mejores años de su amor, los de los encuentros en Le Clos Foyen, en la Avenue d´Italie. El talento de la joven escultora crece de la mano de Rodin, que vive también su más excelso momento artístico. Camille deja definitivamente en este tiempo el Academicismo de la época de Boucher para adaptar una expresión más cálida y naturalista. En palabras del propio Rodin:

"Le he enseñado dónde encontrar el oro, pero todo el oro que encuentra le pertenece a ella exclusivamente"

Consecuencia de estos últimos momentos de felicidad y plenitud artística son sus mejores obras; "La edad madura", de 1895, "Las habladoras", de 1897, y "La ola", de 1898, ya algo influenciada por el Art Noveau y el arte japonés tan en boga en aquellos días.

Será a partir de 1894 cuando la relación con Auguste se complique con sus continuos accesos de celos hasta que la ruptura definitiva se produce en 1898. Pese a esta separación la obra de la artista sigue teniendo una muy notable aceptación y todavía participa en exposiciones en galerías importantes. En estos años se dedica en cuerpo y alma al trabajo y apenas se le ve salir de su apartamento. El compositor Claude Debussy pasa fugazmente por su vida hasta que, cada vez más confundida, comienzan a agravarse sus problemas mentales. En diciembre de 1905 realiza su última exposición en París.

La cuesta abajo no había hecho más que empezar. Se suceden desde entonces los accesos de pánico y a menudo destruye con una maza las obras de su taller. Serán pocas las esculturas que sobrevivan a estos años de soledad y de furia. En 1913, tras la muerte de su padre, es ingresada en el sanatorio de Ville-Evrard siéndole diagnosticada una "manía persecutoria contra Msr.Rodin, objeto de todas sus recriminaciones" y "continuos delirios de grandeza". Moriría tras una larguísima estancia en el sanatorio de Montevergues, en octubre de 1943. Auguste Rodin lo había hecho mucho antes, en 1917, reconocido universalmente. En sus últimas semanas se casaría el escultor con Rose Beuret, con la que llevaba más de cincuenta años de relación.

Lo mejor de la obra de Camille Claudel, quince esculturas, se reunirá en uno de los pabellones del Museo Rodin, en el palacete Biron. Su hermano, el poeta Paul Claudel, legará en 1951 una parte de su colección; se soldaban definitivamente dos almas, las de Camille y Auguste, artistas con diferente suerte, pero que en vida estuvieron unidas por su excelencia en el arte y la pasión.