jueves, 7 de enero de 2010

ENTREVISTA A JOSE LUIS PEIXOTO



ENTREVISTA A JOSE LUIS PEIXOTO

“...Hacer lo que todo el mundo esta haciendo no es moderno, ni novedoso, es simplemente seguir la corriente, no remontarla...”

por Jordi Gol y Fernando Clemot

José Luís Peixoto es una de las figuras más destacadas de la narrativa contemporánea portuguesa. Nació en 1974 (Galveias, Ponte de Sor). Licenciado en Lenguas y Literaturas Modernas (inglés y alemán) por la Universidade Nova de Lisboa. En 2001, su primera novela "Nadie nos mira" recibió el Premio Literario José Saramago. La segunda, "Una casa en la oscuridad" (El Aleph, 2008) fue muy bien acogida por la prensa literaria y el público. "Cementerio de Pianos" (El Aleph, 2007) ha sido la novela que le ha dado mayor proyección internacional y se ha publicado en más en quince países. En España esta novela ha recibido el premio Cálamo - Otra mirada 2007.

Tu último libro, Cementerio de pianos, va a ser traducido y publicado por las grandes editoriales europeas y americanas ¿Por qué el salto de editoriales pequeñas a grandes editoriales?


Para mí no es indiferente que un libro que escribo tenga más o menos lectores, porque creo que la escritura de un libro solo concluye verdaderamente cuando el libro es leído por el lector. Por tanto, si no hay ninguna perversión de los principios que me llevan a escribir, prefiero que un libro tenga la mayor posibilidad de encontrar lectores. Por eso un gran sello me da mayores posibilidades de causar más curiosidad en la gente y de que los libros pasen esa frontera de Portugal a otros países, como España y que lo haga llegando a lectores y a gente que pueda recrear dentro de sí a esos personajes, paisajes e ideas que están en esos libros.

Además de Cementerio de Pianos, el Aleph va a editar tus libros anteriores.

Sí, incluso Nadie nos mira. Eso me agrada muchísimo porque aunque son libros que escribí hace algunos años, para mí siguen siendo libros muy importantes; también Te me moriste, mi primer libro, escrito con 21 años. En Portugal son libros que no han sido descatalogados, lo que me hace mucha ilusión, porque son escalones no solo de mi escritura, si no también de mi vida. Son libros con los cuales tengo un ligamen personal muy fuerte.

¿Cuáles son los temas principales de "Cementerio de Pianos"?

Los temas principales del libro son los temas de siempre en la literatura universal. Es un libro que intenta plantear cuestiones más que determinar las respuestas o los caminos de interpretación que el libro presenta. En un primer lugar estaría el tema de la muerte como oposición a la vida (hablar de la muerte es siempre hablar de la vida, que es todo lo que tenemos para valorar la muerte), por eso la vida está muy presente en el libro desde la perspectiva del paso del tiempo, que acaba siendo el tema principal de la novela. Un tiempo que no se detiene, en muchos aspectos, ni con la muerte. El tiempo siempre sigue, es un continuo de muertes del pasado, pero al mismo tiempo un nacimiento constante del futuro, y nosotros escribimos nuestras vidas sobre él. El libro aborda este tema contando la historia de una familia a través de varias generaciones que nacen y mueren, a veces de forma próxima, e incluso simultánea, y donde personajes de diferentes edades son presentados de forma a veces anacrónica para dar múltiples perspectivas que se resuman en la perspectiva total de una vida; perspectiva que muchas veces la gente no tiene porque está muy metida en eso que es estar vivo. Por eso uno de los narradores empieza a contar la historia cuando ya está muerto, con una visión de la vida desde afuera, que permite mirar los acontecimientos y las tragedias, éxitos, amores y desilusiones con mucha perspectiva.

Las mujeres en tus libros son siempre mujeres tristes, mujeres maltratadas...

La imagen de la mujer triste y maltratada, como maldita, es una imagen que existe y que está siempre presente, pero intento desfocalizarla, sin que presente una opinión o una idea mía. Intento que sea solo una imagen que cada uno interprete a su manera. Una imagen que intenta representar mucho de los que todavía ocurre en nuestras sociedades ibéricas, no solo en Portugal, y que tal vez hoy ocurra menos que hace unas décadas (o tal vez no). Por eso esa imagen de la mujer, que en la novela llega a padecer violencia, para que el lector, hombre o mujer, reflexione sobre ello y se posicione. Yo tengo mi posición, ya que no mirar hacia otro lado y exponerla ya es una manera de tomar partido.

La estructura de la novela es compleja, con puntos de vista intercalados, y exige una interpretación global por parte del lector ¿Qué referentes o qué influencias manejas en cuanto a la estructura?

Hoy en día, cuando uno va a escribir una novela o a crear una estructura, es imposible que no tenga en mente referentes, no solo literarios, sino artísticos en general, porque escribimos bajo siglos y siglos de historia literaria que no es posible ignorar. Podría decirse que está insertado en nuestro código civilizacional, cuando uno pone el bolígrafo en la hoja o los dedos en el ordenador. Yo no llegue a la estructura de Cementerio de Pianos a través de referentes directos, conscientes, pero estoy convencido de que si nunca hubiese leído a Antonio Lobo Antunes, o a Faulkner o a otros tantos autores que me hayan hecho cuestionarme la linealidad de la narrativa, nunca hubiese llegado a escribir algo así. Para mí, incluso hay un referente de las artes plásticas muy directo, el "puntillismo", al estilo de Seurat o Karagozian, una imagen de la que si miras muy cerca no ves más que puntos, pero de la que vas distinguiendo las formas y las perspectivas a medida que te vas alejando. Esto me ayudo a crear esta novela que en al final es un conjunto de voces y episodios (o relatos o imágenes de una familia o personaje específico) que se pueden leer por separado, pero que luego, sumados, dan la imagen global de los personajes, de su trayecto, de sus ambigüedades. Una imagen más amplia. El "puntillismo" es una de las formas del impresionismo (o neoimpresionismo) pictórico, y el término impresionismo también me parece adecuado para hablar de la forma en que está construida esta narrativa, porque la forma en la que se encadenan las imágenes no es muy nítida, dejando en manos del lector una buena parte de la interpretación de la estructura; y al mismo tiempo intenta atraparlo en el trabajo de construcción del relato, porque creo que las cosas que exigen más esfuerzo son las que al final más firmemente se interiorizan, porque son las que están creadas de experiencia y de esfuerzo propios.

Este hecho de hablar con los silencios, con las partes en blanco que el lector ha de rellenar tiene que ver mucho con el estilo que utilizas, más sugerente que explícito ¿Cómo lo definirías tú?

Creo que la base de mi estilo hasta ahora es la metáfora, desde el aspecto en que la metáfora no apunta un significado unívoco, concreto u objetivo, si no que determina un campo de significados (un campo semántico amplio); es decir algo que puede ser una cosa, pero también, por extensión, muchas otras de su campo semántico. Si decimos que una pared es blanca, cerramos mucho la interpretación (aunque hay muchas gamas de blanco) pero si decimos que esa pared es como una nube, las perspectivas se abren, según la experiencia del lector: ya no es necesariamente blanca, pero tampoco dura, tiene un abanico de posibilidades significativas mucho mayor. La metáfora, como digo, es lo que más marca mi estilo hasta ahora, no necesariamente el que está por venir.

Tu estilo se podría definir como "clásico", en oposición al estilo "moderno" de la "generación Nocilla", más directo, más sucio, con referentes anglosajones de la música, el cine y la televisión.

Yo creo que el lenguaje del realismo "sucio", el lenguaje cotidianizado, no es muy actual, pese a lo que se suela pensar en España (y también en Portugal). Este estilo tiene una relación muy directa con lo que se hace en los EEUU y en los países anglosajones. Es curioso porque mi novela Nadie nos mira la publicaron en noviembre en Inglaterra y en agosto la publicarán en EEUU y las críticas de ambos países valoran positivamente precisamente el hecho de que el lenguaje es totalmente distinto a lo que se suele hacer; porque hacer lo que todo el mundo esta haciendo no es moderno, ni novedoso, es simplemente seguir la corriente, no remontarla. Yo creo que uno siempre ha de buscar lo nuevo, incluso si lo nuevo implica mirar hacia atrás. Creo que es importante mirar a la tradición como también a la genialidad que hay en un pasado muy reciente. Al mismo tiempo, a mí me encantan escritores como Raymon Carver, pero me deja perplejo la cantidad de obras que invocan el nombre y la estética y la influencia de Raymon Carver, pero que se quedan muy lejos de lo que este hizo; además, hace ya muchas décadas.

A mí hay un ejemplo que me gusta, provinente de la música, que es el de los grupos de Rock y Pop que pudiendo hacer un sonido muy limpio, incorporan artificialmente el sonido del vinilo para volver el sonido más orgánico. Es una imagen muy curiosa del arte, en donde a veces hay que mirar hacia atrás para hacer algo realmente nuevo. Hay una diferencia muy grande entre novedad y nuevo, son dos palabras que se parecen solo de una manera muy superficial. La literatura debe buscar lo nuevo y no la novedad.

Por eso a mí me gusta lo orgánico. He nacido en un pueblo y allí pasé mi infancia hasta los 18 años. Hoy vivo en una ciudad. Y considero que tengo mucho de ambas culturas, la urbana y la rural, porque mientras estaba en mi pueblo me interesaba mucho por cosas de la cultura urbana (música, literatura, etc.) pero hoy que estoy en la ciudad también miro mucho a la ruralidad porque ambos medios tienen su naturaleza y no hay que elegir necesariamente entre una y otra: se puede intentar buscar lo que ambos tiene de bueno. Yo, al menos, necesito de lo orgánico, de lo natural. Y lo natural envuelve a las personas, los sentimientos. Porque los sentimientos, desde el modernismo, se ven muchas veces como una oposición a la inteligencia, como si hablar de sentimientos no pudiera ser un acto de inteligencia, y yo creo que es más bien al contrario, porque los sentimientos son uno de los elementos más humanos que existen, al igual que la inteligencia. Y la inteligencia que no sea modelada por los sentimientos, que no esté desarrollada con el objetivo de servir a los sentimientos de los hombres y las mujeres que son más o menos felices en relación directa a ellos, no es una inteligencia inteligente.

¿Cuál es tu método de trabajo?

Trabajar siempre. Yo escribo de una manera bastante obsesiva. Desde que empiezo a escribir efectivamente -porque la escritura comienza antes, con la mirada, con la reflexión y con la atención a todo lo que nos rodea para construir un edificio mental donde están los personajes, las intenciones, el enredo y la trama, en definitiva, los distintos niveles de la obra- desde que empiezo, la novela es en la única cosa en que pienso, e intento que eso sea mi prioridad. Me es difícil combinarlo con otras cosas. A veces incluso afecta a la gente que está cerca de mí porque toda mi atención se centra en lo que escribo. Además, es una escritura lenta, porque mi máximo son cinco páginas en un día, que tiene que ser increíble. Si en un día escribo dos páginas ya me doy por satisfecho. Luego, en el momento de escribir hay cosas que van cambiando con respecto al plan inicial, porque hay que ir dejando cosas para el momento en que se escribe. Yo, antes de escribir novelas, pensaba que no podría tener constancia en la forma de escribir, en el estilo. Los relatos que escribía eran totalmente diferentes unos a otros y pensé que eso se reproduciría en mis novelas. Pero luego llegué a la conclusión de que uno tiene que estar muy seguro de los principios que te llevan a escribir la novela y luego dejar algunos elementos para que los puedas poner de acuerdo con el día en que los escribes, porque quienes escribimos sabemos que sobre el mismo tema lo que se escribe hoy puede ser muy distinto de lo que se hubiese escrito otro día. La escritura también tiene algunos factores efímeros que la condicionan, porque está hecha por personas que también van al supermercado, que son normales, vaya. Ellas escriben y otras hacen otras cosas, nada más.

¿Puedes leer cuando estás escribiendo una novela?

Yo leo siempre. Cuando me canso de escribir -hay que gestionar también el cansancio parta no desgastarse forzándose- leo. A mí me influye lo que leo, pero no determinantemente. Si leyendo Guerra y Paz escribiese como Tolstoi, lo haría siempre que pudiese, pero no es así. Uno no escribe tal y como lee, y si tienes claros los principios del tema y del estilo, ya se queda con los que tiene y no los cambia, al menos profundamente. Es posible que me ayude el hecho de leer autores que escriben de forma muy diferente a la mía. Porque hay una voz que es la voz natural de uno. Yo, con 33 años escribo de forma similar en algunos aspectos a cuando tenía 25, pero en otros aspectos escribo de forma totalmente diferente. Si miras la escritura en general, no se nota demasiado, porque lo principal está ahí, en ambas formas. La línea es muy difícil de encontrar, pero, al menos en lo que respecta al estilo, se debe intentar buscar la propia voz dentro de su mundo, a lo largo del tiempo.

¿Y en qué momentos y situaciones escribes?

Yo escribo con el ordenador y me encanta, es un objeto muy romántico, porque escribes en la luz. Cardoso Pires llamaba al ordenador "máquina de borrar" porque eliminas lo que quieres y siempre se queda limpio, y eso es muy cómodo. Además no se acumulan las páginas, que dan una presión muy grande; solo ves la página que estás escribiendo. Cuando estás inspirado es como tocar el piano, las palabras fluyen, es realmente fantástico. Creo que lo echaremos de menos cuando se descubra algo más avanzado para escribir.
Por lo demás, yo vivo en un entresuelo, por lo que no tengo un paisaje inmenso delante. Escribo con las ventanas cerradas, en un ambiente oscuro. En mi casa, porque me es más cómodo. Cuando estoy viajando no escribo, lo hice pero no funcionó. Demasiadas distracciones. Habitualmente, me concentro mejor de noche, porque no me molesta el teléfono, la gente duerme y no hay ruido. El ambiente es más tranquilo. Pero también puedo escribir por el día.

Salvando algunos nombres como los de Saramago o Lobo Antunes, la literatura portuguesa tiene problemas para distribuirse en España ¿A qué crees que se debe esta situación?¿Que posibles soluciones hay?

Creo que es una cuestión que va más allá de la literatura, es una cuestión cultural, en el sentido más amplio de la palabra cultura, porque estamos cerca y compartimos la península y nos ignoramos mutuamente en muchos aspectos, sobre todo respecto a la contemporaneidad. La música portuguesa más consumida en Portugal no es conocida aquí, y viceversa. Ocurre en casi todas las áreas del arte. Y es extraño porque nuestra manera de mirar hacia el mundo, los deseos y aspiraciones son similares. Ha habido pensadores que lo han intentado, Unamuno, Torga, pero no ha dado fruto. Parece mentira que dos formas tan similares de ver la vida estén tan separadas. Yo estuve en Lituania y en Polonia haciendo lecturas con otros poetas españoles y parecíamos del mismo país: las palabras tenían el mismo significado. Ocurre como en las traducciones del los libros. Cuando las lenguas son más próximas, es cuando con más atención se miran las imprecisiones, cuando más se busca la diferencia. Cuando son más lejanas se tiene una mirada mucho más tolerante. Se mira más la diferencia que la similitud. Es una lástima que al nivel de los productos culturales no exista un intercambio más eficaz.

¿Nos podrías hacer un pequeño dibujo de la situación de la literatura en Portugal en este momento? ¿Qué autores jóvenes destacarías?

Portugal está en un buen momento literario y en España existe algún reconocimiento hacia eso. Sobre todo a la narrativa más contemporánea portuguesa, por ejemplo la antología de narrativa publicada por Lengua de Trapo que se llama Alta Velocidad, que tiene la mayoría de los nombres clave de esa nueva generación de narradores. Incluso algunos ya están siendo publicados individualmente, como las ediciones en Iru de Jacinto Lucas Pires, un autor que figura también en otra antología más amplia, la Antología del cuento portugués de Alfaguara, de João de Melo, que comienza con Alexandre Herculano y acaba conmigo. También hay otro autor publicado por Iru, Posidonio Cachapa, que también fue publicado por Xórdica. Lo que pasa es que encontrar a estos autores aún exige un esfuerzo de búsqueda, porque a veces están un poco ocultos.

Además, hoy (en Portugal es una cosa que se ha dado siempre) hay un nivel muy alto en la poesía, tanto la de poetas consagrados como la de autores jóvenes. Sin embargo, esta poesía no cruza la frontera porque si en narrativa es difícil, en poesía lo es aún más. Hay muy buenas antologías que permiten descubrir la poesía actual portuguesa. Incluso hay muchos caminos que están siendo recorridos y explorados por muchos autores. Se está volviendo referencialmente a la Revolución de los Claveles como tema y como experiencia, ya que los autores jóvenes tienen como rasgo común haber nacido durante o después de la revolución, sin conciencia de lo que era el régimen dictatorial omnipresente. Han tenido la suerte de crecer en un régimen democrático, con libertad de expresión y eso también le ha dado la posibilidad a cada uno de elegir su propia tradición y su propio camino. No hay una literatura de ruptura. Por diferentes entre sí que sean los autores, todos aprovechan algo de la tradición anterior, pero lo trabajan de una manera muy personal. No hay grupos generacionales, salvo alguna cosa en poesía, pero no son especialmente relevantes. Y eso sí que es una señal de los tiempos, de la democratización, porque la gente ya no necesita agruparse para oponerse a ningún régimen. También es algo característico del individualismo que impera hoy en día en todas las áreas. Máxime la literatura, que es una actividad de por sí solitaria y en la que los autores son considerados socialmente como individuos alejados de la realidad.

Hay que tener en cuenta que la poesía en Portugal es casi siempre nacional, que llega a todas las regiones (cosa que no pasa en España). En Portugal la poesía tiene un papel importante, y aunque haya menos poesía que novelas o relatos la diferencia no es tan exagerada como en España. Aquí hay tres o cuatro editoriales a nivel estatal y el resto son editoriales locales, que se quedan en un nivel muy underground, solo para iniciados. En Portugal hay más lectores de poesía, aunque haya menos premios literarios. En España no debe haber ningún libro de poesía que no tenga premio literario.

¿Qué imagen se tiene de la literatura joven española en Portugal?

Creo que hay un público para esta literatura, que hay interés, pero que no llega mucha cosa de los autores jóvenes contemporáneos, ni castellanos ni catalanes. Yo tampoco los conozco, porque más allá de los autores de éxito comercial como Lucía Echevarria o Espido Freire no se conoce mucho. No sé si la culpa es de los editores portugueses o de los españoles que no los promocionan, pero ese es el gran problema de fondo: el desconocimiento, la falta de comunicación entre ambos lados de la frontera. Se conoce más de la poesía porque se están publicando algunas antologías de poetas españoles jóvenes incluso en buenas editoriales de poesía, con mucha promoción, pero en narrativa casi nada. Solo pocos nombres, los grandes éxitos comerciales y los nombres consagrados: Javier Marías, Javier Cercas, Vila-Matas. Es un panorama un poco desolador, pero es así. Creo que pasa lo mismo al revés ¿no?

Próximos proyectos...

Estoy escribiendo una nueva novela, estoy escribiendo poesía -tengo un libro que saldrá en los próximos meses-, mi primer libro de poesía va a salir traducido aquí, en la Editorial Regional de Extremadura, que son mis vecinos, editado por Álvaro Valverde. Estoy muy contento porque es un libro con un éxito rotundo en Portugal: vendió 12.000 ejemplares. También están las traducciones de mis obras al italiano, por Enaudi y al inglés, en EEUU por Random House y en el Reino Unido por Bloomsbury.

(Entrevista publicada en el número 6 de Paralelo Sur; Barcelona, septiembre de 2008)

miércoles, 6 de enero de 2010

"PREGÚNTALE AL POLVO" DE JOHN FANTE (Anagrama)




John Fante: “Pregúntale al polvo”(Anagrama)

( Traducción de Antonio-Prometeo Moya )


por Fernando Clemot


“Pregúntale al polvo”(Ask The Dust, 1939) es la segunda novela y verdadero espinazo de la trilogía de la desesperanza que inicia John Fante con “Espera a la primavera, Bandini” (Wait Until Spring, Bandini. 1938) y que completa con la crepuscular “Sueños de Bunker Hill” (Dreams from Bunker Hill, 1982) publicada casi cuarenta y tantos años después de que se iniciara la serie.

Son muchas las novelas que esconden en el protagonista retazos de la vida del autor pero en pocas esta mimesis es tan aparente como en este Arturo Bandini, primera persona de los tres relatos y espejo del perfil del autor. La biografía de John Fante (1909-1983) nos conecta de una forma tan directa con el devenir de Bandini que inevitablemente aparece ante nosotros como un trasunto, un sosia convertido en recurso expresivo para poder mostrarnos el autor más descarnadamente lo que remueve sus vísceras.

Y es que es el protagonista de la trilogía, este Bandini-Fante, nos va revelando con un tono entre cándido y soñador como se consumen sus esperanzas de acceder al “sueño americano”. Será Bandini un joven arquetipo de los personajes que se arrastran por los callejones, es una basura más de la que se acumula y esconde en el boulevard de los sueños rotos y con la que convive en un edificio deforme de Bunker Hill. Por que en “Pregúntale al polvo”, el joven Bandini-Fante que nos había conmovido ya con “Espera a la primavera, Bandini” ha madurado, ha ganado en decisión (consigue escapar del sórdido ambiente familiar de Colorado y está totalmente decidido a ser un escritor estrella como su idolatrado Knut Hamsun) pero sigue actuando a bandazos. Empieza el relato con su llegada a Los Ángeles, o mejor a Bunker Hill, una colina de miseria donde padecerá los rigores del hambre y desde la que el centro de la ciudad (Broadway, Macy, First Street...) se aparece cada noche como un sueño cercano y luminoso.

“Pregúntale al polvo” es una ruda lección de vida, encierra una verdad poderosa, hay migajas de esperanza en medio del hambre y la desolación. El Fante-escritor asoma en algún instante tras la sombra de su trasunto Bandini y nos deja puntadas de una belleza amarga “...el zumo se me escurrió hasta el fondo del estómago y allí se puso a lloriquear. Había mucha tristeza en el fondo de mi estómago. Había mucho llanto y nubes de gas, pequeñas y sombrías, me acorralaban el corazón...”

También a menudo el protagonista parece suplicar, se arrodilla y pide al dios de la fortuna que se enciende cada noche a los pies de su colina de miseria que le conceda una oportunidad, que le haga un escritor como Knut Hamsun, una ráfaga de suerte que levante el polvo (¡Dame algo tuyo, Los Ángeles¡ Ven a mí y como yo hacia ti, con los pies en tus calles, ciudad preciosa a la que tanto amo, flor triste encerrada en la arena, ciudad preciosa...) Pero estas flores no abundan; el Fante-escritor gobierna el relato con mano de hierro. Su estilo es conciso y directo, ataca la trama como si descargara un “upper-cut” en alguna de sus trifulcas de barra y sólo afloja su brazo para abrazar el hombro de los otros desgraciados que malviven en el suburbio (el viejo y hambriento Hellfrick, la señora Heargraves, la solitaria Vera Rivken...)

Pero esta mirada compasiva no hace sentir a Bandini-Fante un miserable más, es tierno pero orgulloso, libérrimo y rácano cuando le viene en gana. Es pura contradicción, malgasta su dinero, lo regala y se pelea también por cuatro chavos; nos aturde Bandini, adora a Camila pero se siente mejor que la chicana, él es un americano de primera generación, un altivo “macarroni” que chapotea con arrogancia en su fango.

El orgullo de Bandini-Fante será la forma de cauterizar su amargura, el fracaso de las páginas que escribe compulsivamente para J.C Hackmuth, no triunfa, nadie sabe quién es, el gran mundo lo rechaza pero se siente un privilegiado en medio del miasma en el que malvive. De tanto en tanto se afirma, pavonea levantando orgulloso su cresta para proclamar su superioridad (“...la gran ciudad en que estaba, el asfalto poderoso que me sostenía y los edificios soberbios que me cobijaban eran la expresión de mi América. De entre la arena y los cactos los americanos habíamos sabido levantar un imperio. La raza de Camila había tenido su oportunidad. Y la había desaprovechado. Los americanos lo habíamos conseguido. Gracias, Dios mío, por la patria que me has dado. Gracias, Dios mío, por haberme hecho nacer en América. )

Pero no son más que bravuconadas de un perdedor, Bandini es un “outsider”como lo fue también John Fante, alabado y rechazado en Hollywood, bebedor y ludópata, vivió a bandazos como el personaje tras el que se esconde y sólo rescató su obra al final de su vida otro perro apaleado, Charles Bukowski, tan ebrio y excesivo como él, otro de los desgraciados con los que se pudo topar en su boulevard de los sueños rotos.


martes, 5 de enero de 2010

LA CRÍTICA LITERARIA ( y IV): ENTREVISTA A FERNANDO VALLS

Foto: Fernando Valls, en la foto junto a Masoliver Ródenas


(Entrevista publicada en Paralelo Sur número 5, junio de 2007)


Por Fernando Clemot

La opinión de Fernando Valls resulta imprescindible para tener un punto de vista de prestigio sobre la narrativa española contemporánea. Esta opinión de renombre la ha ido forjado durante más de dos décadas como crítico literario de actualidad y como docente. Como crítico lo hemos podido leer en periódicos como La Vanguardia, El Mundo, El Sol, Diario 16... y también en revistas como Ínsula , Turia , Quimera (de la que fue cinco años director), Revista de Occidente ... En su faceta docente Valls es desde 1980 profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona además de una trayectoria paralela de diez años como profesor en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. En la actualidad es profesor invitado de la Universidad Humboldt de Berlín.


Una pregunta inevitable, ¿cuál considera que ha de ser el papel de la crítica literaria en prensa?

La crítica literaria en la prensa debería tener, en suma, una triple función: describir, analizar y valorar los libros, fundamentando el juicio con razones. Pero sin juicio, sin valoración razonada, no hay crítica. Por tanto, o bien debería incitar a la lectura, o bien advertir al lector para que no pierda el tiempo con libros de escaso y dudoso interés.

¿Quizá le falta a la crítica literaria española de los últimos años algo de entusiasmo?

No lo creo. Los buenos críticos, que creo que los hay, se entusiasman cuando deben hacerlo y en grados distintos, según el valor, la novedad y el riesgo que asume el libro correspondiente. Pero si éste descubriera obras maestras constantemente, no podríamos fiarnos demasiado de él.

¿Tiene buena relación con escritores y editores? ¿Cree que se puede conjugar amistad con el juicio crítico? ¿Cómo aborda personalmente esta eterna disyuntiva?

En general, tengo buena relación tanto con los escritores, como con los editores, lo que no impide que me mantenga lo más independiente que pueda. Por ejemplo, por citar un caso reciente, conozco y me parece que tengo buenas relaciones con todo el equipo de Seix Barral, aunque la última novela de Eduardo Mendoza me haya parecido floja, superficial, y así lo he explicado en una crítica. O también aprecio mucho como escritor, y como persona, a Álvaro Pombo, más allá de que creyera que sus dos anteriores novelas (de la última no he escrito) contenían graves defectos (pese a los premios que se le concedieron) y así lo razoné. Con los escritores que son buenos amigos, uno sufre cuando se publica un libro que está por debajo de lo que espera. Ante esa situación, lo único que puede hacer es o bien callarse, o acaso hacer una faena de aliño, o bien explicar claramente qué le ha parecido la obra y, a veces, perder un amigo. Lo que creo que no debe hacerse jamás es alabar una obra que posee carencias porque el autor sea amigo del crítico.

Sobre la crítica y los escritores noveles... ¿Cree que el juicio del crítico ha de ser más flexible o sufrir alguna modificación al enjuiciar a un escritor novel?

Cuando se trata de escritores jóvenes, el crítico debería poder intuir lo que el autor pueda hacer en el futuro, las posibilidades que pueden agazaparse en una obra que, a lo mejor, todavía se halla en ciernes. Ya sé que todo esto es más fácil en la teoría que en la práctica. En suma, no se trata tanto de mostrarse flexible cuanto de tener olfato, de intuición, como decía. Hay escritores jóvenes que buscan y aunque quizá no encuentran, andan por un camino acertado; otros, en cambio, andan perdidos, su obsesión es ser modernos, experimentales, por lo que copian mal de autores extranjeros hoy de moda. En realidad, quieren ser cantaores de flamenco japoneses... Se mueven, sí, pero en una dirección equivocada. Hoy, lamentablemente, son los que predominan, aunque -por fortuna- ni la crítica mejor informada los aprecia, ni los lectores les prestan atención alguna.

Quimera, los últimos años...

Hablemos de la literatura de los últimos años, de Quimera, de la aparición de nuevos valores... ¿En qué momento cree que se encuentra la novela en España? ¿Podría destacarnos algún autor joven que considera especialmente prometedor?

La novela, y la narrativa, en general, el microrrelato, el articuento, el cuento y la novela corta, me parece que se encuentran en un buen momento. Que el pasado año, durante el 2006, se publicaran novelas como las de Eduardo Lago ( Llámame Brooklyn ), Gonzalo Hidalgo Bayal ( Paradoja del interventor ), Adolfo García Ortega ( Autómata ), Luis Goytisolo ( Oído atento a los pájaros ), Luis Mateo Díez ( La piedra en el corazón ), o un libro de cuentos como el de Fernando Aramburu ( Los peces de la amargura ), creo que invita a ser optimistas. Ahora parece que los escritores maduran mucho más tarde, buena prueba de ello es que no haya surgido aún un claro relevo de aquellos que empezaron a publicar en los setenta y primeros ochenta: los Marías, Luis Mateo Díez, Mendoza, Vila-Matas, Millás, Merino, Pombo, Fernández Cubas, Muñoz Molina... Me refiero, en concreto, a que los autores que empezaron a publicar en los noventa no han dado aún obras que tengan un valor indiscutible como hicieron pronto los autores recién citados.

Por lo que se refiere a los narradores ¿jóvenes? me han llamado la atención, sobre todo, obras de Andrés Neuman, Andrés Barba, Julián Rodríguez, los libros de cuentos de Pablo Andrés Escapa y Pilar Adón... En fin, no sé, seguro que me olvido de autores que aprecio. ¿Sigue siendo joven Hipólito J. Navarro?, él es otro autor que he leído con placer. También me interesó mucho El vano ayer, de Isaac Rosa, aunque sus gustos literarios, su inverosímil castrismo -a estas alturas- y la intolerancia que rezuman sus artículos den un poco de miedo... Espero que no volvamos a tener la repetición del caso Belén Gopequi, excelente escritora echada a perder por eso mismo. Acabo de leer la novela de Ricardo Menéndez Salmón, La ofensa, y me ha parecido valiosa (su anterior libro de cuentos, Los caballos azules , también me gustó bastante), y aunque sea relativamente joven, tiene ya una trayectoria sólida como escritor. Me dicen poco, en cambio, los jaleados J.F. Ferré y Javier Calvo, vacuos experimentalistas, por no descender a otros nombres más insignificantes, de semejante cuerda, a los que nunca les suela faltar un crítico despistado (o el siempre desnortado Juan Goytisolo) que les ría las gracias. Mucho menos aún me interesa esa especie de Gironella actual que es Juan Manuel de Prada, puer senex , ¡pobre!, o profesionales de los concursos de cuentos como Félix J. Palma, un nuevo Carlos Murciano.

¿Qué cree que ha aportado Quimera en estos años al panorama literario español? ¿Ha quedado en el tintero algún proyecto que hubiera querido hacer y no pudo?

Son los demás quienes tienen que decir qué ha aportado Quimera durante los casi cinco años en los que he sido su director.

Siempre quedan cosas pendientes. Por ejemplo, un número monográfico sobre Carlos Edmundo de Ory; otro sobre la narrativa hispanoamericana actual (quien podía haberlo coordinado no se atrevió en su momento); seguir haciendo los balances de abril, ahora sobre la literatura hispanoamericana del siglo XX, etc. También echo de menos la sección de microrrelatos, aunque estamos a punto de reanudarla en la revista Clarín .

Harold Bloom en uno de sus últimos trabajos opina que uno de los principales riesgos para la literatura será la paulatina desaparición de la figura del lector en detrimento de otras formas de ocupar su tiempo de ocio. ¿Comparte esa opinión y cree que estamos ante una batalla perdida?

Suelo estar bastante de acuerdo con Harold Bloom, listas aparte, pero en este caso no comparto su opinión. Si algún día desaparece la figura del lector, todo es posible, no lo veremos nosotros, por fortuna. ¡Tampoco me disgustaría convertirme en lector clandestino!

lunes, 4 de enero de 2010

LA CRÍTICA LITERARIA ( III ): ENTREVISTA A DOMINGO RÓDENAS

Por Fernando Clemot
(Entrevista publicada en el número 5 de Paralelo Sur, julio de 2007)

Domingo Ródenas es uno de los críticos y docentes más reputados del país. Suyo fue el acierto de crear un posgrado sobre "La crítica literaria en la prensa" y en la actualidad ejerce la crítica en El Periódico de Catalunya . Entre sus libros figuran algunos títulos inexcusables del ejercicio crítico como son Los espejos del novelista. Modernismo y autorreferencia en la narrativa española de vanguardia (1998), la antología de ficción vanguardista Proceder a sabiendas (1997), Prosa del 27 (2000), La crítica literaria en la prensa (2003) o la antología Poéticas de las vanguardias históricas (2007). En el ámbito docente imparte clases de Literatura española, Literatura de Tradición Europea y Literatura Contemporánea en la Facultat d'Humanitats de la Universitat Pompeu Fabra. Sus estudios críticos y ediciones se han centrado, entre otros, en Miguel de Unamuno, Benjamín Jarnés, Ramón Gómez de la Serna , Azorín, Antonio Marichalar, Luis Cernuda, Carmen Laforet, Miguel Delibes, Álvaro Pombo o Enrique Vila-Matas. Nos ofrece Domingo Ródenas una opinión valiosísima como crítico y estudioso de la literatura española; un juicio cultivado sobre el momento de la literatura española, la crítica literaria en prensa y los nuevos valores. Desde cualquier prisma la opinión de Ródenas resultaba necesaria y reveladora...

El papel de la crtica

Aunque suene a pregunta manida queremos conocer su opinión... ¿cuál cree que ha de ser el papel de la crítica?

Mi respueta también va a ser previsible pero inevitable: la crítica de prensa debe cumplir una doble función: informar y orientar mediante el juicio crítico. Para lo primero es preciso describir al lector las características del libro, sus méritos y deméritos en la estrecha medida que permite el formato de la reseña periodística y teniendo en cuenta a la hora de seleccionar los aciertos y desaciertos que éstos han de constituir el cimiento argumentativo de la segunda función. Ésta se concreta en el aquilatamiento del libro de la forma menos ambigua posible. Una crítica que no informe con claridad de la índole del libro reseñado y que no emita un juicio inequívoco (aunque matizado) sobre la obra es una crítica ineficiente.

Porque las editoriales también aprietan y sabemos que hay periódicos que forman parte de grupos editoriales más extensos... ¿hay alguna forma de huir de todas estas presiones? ¿Tiene alguna fórmula propia?

No sólo aprietan las editoriales. Los aprietos para el crítico son múltiples y no todos los origina la industria. Las relaciones personales con los creadores, desde el mero conocimiento cordial hasta la amistad, coartan indefectiblemente la libertad de juicio. Algo que debe ser visto no como un talón de Aquiles del crítico sino como una evidencia insoslayable. El crítico que desee preservar lo máximo su libertad tiene que evitar escribir sobre libros hacia los que exista aprecio o desdén previo. Esto, sin embargo, es un desiderátum que no siempre se logra.

Sobre el caso Echevarría se han vertido centenares de opiniones, algunas muy afiladas como la del editor Constantino Bértolo en su artículo "La muerte del crítico. Prisa contra Prisa" en que señala directamente al grupo Prisa y a El País. Todo el revuelo provocado por el "caso Echevarría" ¿ cree que ha desprestigiado a la crítica española en su totalidad?

El desprestigio de la crítica de actualidad ("militante", como se decía antes, me parece un adjetivo inexacto, aunque de aplicación en algunos casos) es una serpiente de verano. Siempre que no haya de qué hablar podemos desenfundar la resudada indigencia de la crítica, española o finlandesa, la permanente sospecha acerca de su legitimidad o sobre lo ancilar de su funcionamiento (cuál es la formación del crítico, qué mecanismos de capacitación profesional ha arbitrado el sector, etcétera). Es un buen tema de sobremesa.

Si tuviera que definirse como crítico, ¿cómo lo haría?

Como un paseante solitario.

¿En qué momento se encuentra la crítica literaria en prensa? ¿Hay motivos para ser optimista?

Creo que hay excelentes críticos ahora mismo desempeñando su labor. No uno mi voz al coro de jemerías que se lamentan del estado calamitoso de la crítica. Quizá porque ésta ha sido siempre una actividad de estatuto precario y de praxis problemática. Puestos a deplorar la crítica en los periódicos convendría apuntar con tino y mencionar fenómenos que la desvirtúan o empobrecen (el escaso criterio, por ejemplo, con que se selecciona a los reseñistas desde algunos suplementos literarios; el empeño de algunas editoriales en utilizar a los críticos como publicistas obligándoles a leer las obras en galeradas para convertir su reseña en un producto propagandístico a favor o en contra, lo mismo da) o incluso apuntar a ciertos nombres, aspecto éste, como se comprenderá, delicadísimo y que no me interesa en absoluto. No veo motivos para el optimismo si éste significa alguna forma de esperanza en el papel futuro de la crítica literaria en la prensa. Más bien soy un pesimista activo que, persuadido de la grandeza y dignidad que encierra el dominio de los discursos literarios, confía en que tiene que ser posible el contagio de la pasión por la literatura para un público amplio. Aunque no se me oculta que las vías de difusión rápida de la propia opinión abiertas por Internet (por ejemplo con los blogs) pueden hacer surgir en este medio, como ya sucede, una crítica más viva e inmediata, más fresca y próxima al consejo de un amigo.

Los últimos años

¿Debe desarrollar el juicio crítico alguna distinción ante la obra de un escritor novel? ¿Es necesario situar el nivel de exigencia a la misma altura que la del escritor consagrado o se han de hacer concesiones?

Éste es una de las cuestiones palpitantes para cualquier crítico. De entrada me parece cuando menos una equivocación atropellar o avasallar a un autor novel (joven o no) con una crítica demoledora. Escribir una reseña feroz alimentada por el ingenio del crítico es tan fácil que a veces puede resultar deshonesto. El escritor novel es demasiado vulnerable ante una opinión adversa y el crítico debe tenerlo en cuenta. Caso distinto es el de la celebridad literaria con las anchas espaldas de un prestigio sólido y que tiene un pinchazo. El crítico está obligado a señalarlo, por respeto a los lectores, a quienes debe advertir de ese bache y evitar con ello que sean embaucados por una campaña publicitaria casi invariablemente bien orquestada. El nivel de exigencia a un autor consagrado tiene que ser siempre alto y la concesión es necesario reservarla para los autores incipientes. La mediocridad se revela por sí misma en una segunda o tercera tentativa; hay que darle espacio al autor nuevo para que recorra un trecho del camino. Pero, ojo, también hay que alertar contra el adocenamiento de la escritura incluso en los autores que hacen sus primeros pinitos.

En su carrera como crítico y docente se ha encontrado seguramente con diversos estilos y modos de hacer literatura. ¿Podría hacer una valoración del momento actual de la literatura española?

La respuesta adecuada requeriría escribir un libro de grosor algo más que mediano, pero la cortesía me obliga a ser telegráfico. No es un mal momento si nos conformamos con una docena de creadores de primer nivel entre los que hay tendencias, estilos y teorías de la ficción muy distintas, desde la novela conceptual de Álvaro Pombo (vía Iris Murdoch o Lessing o Sartre) o de Javier Marías (vía Faulkner o Bernhard con Cervantes al fondo) a la revisión del Modernismo con un acentuado componente autorreferencial que cultiva Vila-Matas o al realismo depurado y ruralizante de Luis Mateo o el realismo urbano, torrencial y tumultuoso de Almudena Grandes. O la no menos cervantina y posmoderna narrativa de Millás en torno a la noción de duplicidad y simulacro, o, en fin, tantos otros creadores. No soy derrotista, ni mucho menos, aunque reconozco que no todas las fórmulas literarias que he mencionado (y las muchas que quedan en silencio) me parecen afortunadas. Lo que sí se observa en los últimos años es una creciente incidencia de la literatura norteamericana de los últimos cuarenta años, desde los maestros Bellow, Updike, Roth, DeLillo o Auster hasta los postmodernos ya un pelín apolillados (Barth, Coover, Vonnegut.) o los autores más jóvenes desde David Foster Wallace hacia abajo. Una buena muestra de esa asimilación es Llámame Brooklyn de Eduardo Lago y una muestra de lo ácida que puede ser la digestión de una copiosa ingesta de cultura popular posmoderna es Nocilla Dream, la primera y muy interesante novela de Agustín Fernández Mallo.

Hablemos de estos últimos años de la narrativa española, ¿nos podría señalar algún autor o libro indiscutible en estos últimos tiempos? ¿Algún autor joven que considere especialmente destacado?

En parte he contestado a esta pregunta en la anterior. El concepto de libro "indiscutible" es una entelequia. Discutible es el Quijote, a cuya primera parte se le ven las costuras y es una chapuza debida a las prisas; discutible es la Recherche de Proust (¿no le sobran páginas, como suelen, solemos, decir los críticos?); discutible es Bajo el volcán (¿era necesario escribir unas primeras cuarenta páginas tan abstrusas?). Precisamiente creo que las mejores novelas de estos últimos años, si algo son, es discutibles, esto es imperfectas. Lo son las de Pombo y las de Vila-Matas y el proyecto admirable (y para algunos tedioso, no para mí) en que está engolfado Marías. Todas parecen estupendas novelas revestidas de un traje verbal demasiado ancho, bajo el que se adivina la musculatura exacta de un cuerpo textual que hubiera lucido más si hubiera estado más ceñido. Pero este problema no concierne a estos escritores, sino a cualquier creador, como es fácil comprobar desde Cervantes a Musil o a Bolaño. De éste me parece llamado a perdurar 2666, y también Tu rostro mañana de Marías, junto a Donde las mujeres o El metro de platino iridiado de Pombo, aunque éstos son títulos de los noventa. Y por descontado la trilogía subrepticia sobre las patologías de la escritura que ha compuesto Vila-Matas, formada por Bartleby, Montano y Pasavento. Mencionar a algún autor joven me recuerda el juicio de Paris ante las tres Gracias. Por otro lado, ¿es joven Javier Cercas o ha abandonado el sector juvenil de la literatura? Si nos atenemos únicamente a las fechas en que cobra notoriedad, sin duda el suyo es uno de los nombres indefectibles, junto a los de Eduardo Lago y Fernando Aramburu. ¡Pero todos han sobrepasado la cuarentena! Entre los jóvenes de solemnidad son acreedores de atención Isaac Rosa y el extremeño Julián Rodríguez. Pero prefiero no seguir arriesgando nombres.


domingo, 3 de enero de 2010

LA CRÍTICA LITERARIA ( II ): ENTREVISTA A SANTOS SANZ VILLANUEVA

Por Fernando Clemot

Estimado Santos Sanz: nos gustaría que nos resumiera lo más destacado de su trayectoria literaria, crítica y docente en unas pocas líneas.

Mi trayectoria responde a una vocación sentida con fuerza desde la adolescencia, en la que anduve por la emisora local y la prensa. En los dos periódicos de mi ciudad, Soria, me familiaricé con la imprenta, arte que siempre me ha atraído, hice toda clase de trabajillos de redacción y creé, en “Soria Hogar y Pueblo”, una sección fija semanal de crítica. También fundé con Víctor Pozanco una efímera revista, “Literforma”. Sin abandonar la crítica, hice estudios de Filología en Zaragoza. Aquí empecé mi trabajo docente, en la Facultad, y acompañé a mi maestro, Francisco Ynduráin, cuando se trasladó a Madrid. En la Complutense seguí dando clases hasta hoy. Ahora estoy maquinando dejarlo antes de que me pille Bolonia y pedagogos, políticos y comerciantes conviertan la universidad en una variante de formación profesional. Me gustan mucho las clases, tratar con los jóvenes, aplicar mi experiencia y los conocimientos que dan los años para sugerirles horizontes, despertar o ahondar sus inquietudes, incitarles a pensar y a enjuiciar con sus propios criterios, aprender de sus puntos de vista..., pero no me gusta nada el rumbo que llevan las cosas. En el camino, lo normal. Fui publicando libros y trabajos de investigación y estudio. He estado al frente de colecciones literarias en varias editoriales. Y desde hace bastantes años hago con regularidad crítica en la prensa y en revistas culturales.

Una pregunta inevitable y que hemos hecho a otros críticos de prestigio: nos gustaría que nos definiera cuál cree que es el papel que debe tener el crítico literario dentro del mundo de la literatura.

Dejando aparte al crítico académico, que tiene cometido y técnicas específicos, y entendiendo por crítico al comentarista de la actualidad en la prensa, su papel ha de partir del reconocimiento de la modestia de una función mediadora entre autor y lector. El periódico exige información y opinión. El crítico, a mi parecer, tiene que informar con claridad de los rasgos fundamentales de la obra que comenta (contenido, estilo, intención, ideología...) y valorar el grado de acierto entre los medios utilizados por el autor y su propósito. Todo ello al servicio del lector común de periódico, para que éste sepa de qué va la obra y disponga de unas noticias que orienten su decisión de comprarla o no. No me gusta la crítica que se pone por encima del libro o que lo toma como pretexto para hacer ejercicios de estilo o de pensamiento. Lo dicho está condicionado, claro, por el espacio del que se dispone. Otra crítica, que aplauden mucho los escritores, la ensayística me parece bien, y quizás de más mérito que la de actualidad, pero no es crítica periodística.

En su caso, ¿cómo llegó al mundo de la crítica? ¿Cree que existe la figura del crítico literario vocacional?

Sí, creo que hay una cierta disposición genética. Aunque requiere, por supuesto, de una formación histórica y técnica en la que fundamentar los comentarios y evitar que estos caigan en el puro impresionismo. Unas gentes estamos más inclinadas a unas actividades que a otras. La mayor parte de mis compañeros del colegio preferían jugar al fútbol, mientras que yo encontraba más placer en la lectura o en las ocupaciones que he dicho. Que hacía con mucho gusto y sin retribución alguna. Mantuve la sección del periódico incluso desde Madrid cuando ya trabajaba aquí. Pero no lo hacía con la idea de convertirme en crítico profesional, sino más bien, también, con un sentido social y político. Eran todavía los tiempos de Franco y veía en esa actividad una manera de poner mi granito de arena contra la dictadura. A la crítica regular llegué por los azares de la vida. Fui haciendo crítica ocasional en diversos lugares: Tele/exprés, La Vanguardia, El País y alguna revista... Por fin, se convirtió en una ocupación habitual, primero en “Diario16” y luego en “El Mundo”.

A menudo se critica el papel de la crítica diciendo que está condicionada a intereses editoriales y en los últimos años a los grandes grupos. ¿Qué tendría que decir a eso? ¿Son ciertas estas presiones? ¿Existe la posibililidad de un crítico ajeno a todas estas circunstancias?

Desde luego que está condicionada. Pero no en el sentido de que el crítico se venda. Creo que (casi) todo el mundo tiene o tenemos un precio, pero el sector editorial y cultural no es la industria aeronáutica o de los trenes de alta velocidad y lo que podría pagar no son cantidades lo bastante sustanciosas para comprar una voluntad. Las presiones, influencias o condicionamientos existen: la cercanía de autores y críticos en frecuentes actividades, las migajas que pueden obtenerse de la industria editorial, las actividades que patrocinan los políticos... Pero todo ello es poca cosa como para que no pueda darse la independencia del crítico, al menos relativa. Los condicionamientos son de otra clase, y más decisivos. El gran condicionamiento es el propio medio: los títulos que selecciona para ser comentados, el espacio que le dedica a un libro, el lugar donde coloca la crítica, si le pone foto o no... El verdadero crítico es el medio.


EL EJERCICIO CRÍTICO

Como historiador de la literatura ¿cree que debe desligarse la literatura del contexto histórico? Hay algunos críticos e historiadores que abogan por otro tipo de sistematizaciones más relacionadas con la analítica del lenguaje o con lo ideológico. ¿Qué opina al respecto y cuál es su postura?

La historia y la crítica literaria cambian por temporadas. Formalismos y estructuralismos limpiaron mucha ganga impresionista, sicológica e ideológica. Pero mutilaron el componente moral y social que lleva todo texto, incluso los que parecen de más pura creatividad verbal. Luego se ha caído en los llamados estudios culturales y postcoloniales, a los que les da lo mismo la entidad artística de la obra y solo les interesa por lo que refleja de ciertas marginaciones históricas. Para mí, es imposible entender la literatura fuera de un contexto y sin tener a la vez en cuenta que es un arte. Mis trabajos han ido casi siempre en esta línea. Pero, para no enrollarme lo diré con palabras de Edmond Wilson con las que comulgo y que expresan mi parecer mejor que lo podría hacer yo. Le decía Wilson a su maestro Christian Gauss al enviarle El castillo de Axel: tengo "mi idea de lo que debería ser la crítica literaria: una historia de las ideas y de la imaginación del hombre en el marco de las condiciones que las determinan".

¿Cómo definiría el momento actual de la crítica literaria española en prensa? A menudo se ha acusado a la misma de cierto acomodamiento o de poco "punch"?

El momento de la crítica no es diferente del estado general de nuestra cultura, un tanto gris, y en la que faltan orientadores de opinión de reconocimiento generalizado. Las denuncias para desacreditar la crítica son amplias y generalizadas porque es cómodo atacar al eslabón más débil y suele salir barato. Es curioso cómo escritores que trapichean con los premios se despachan contra la venalidad crítica. Tirar al crítico se ha convertido en un deporte. Tengo una auténtica colección de perlas de esta clase. ¿Reblandecimiento de la crítica? Tal vez, al menos para los que gustarían de que el crítico fuera un killer, siempre claro, que no les toque a ellos. Yo prefiero, como he dicho, la crítica explicativa, firme pero templada, y no la que busca hacer sangre; y la crítica orientadora con una función pública.

Otro sambenito que suele acompañar a la crítica literaria en prensa es que hay críticos que únicamente hacen reseñas o críticas sobre libros o autores que les gustan. ¿Qué opina sobre esta afirmación? ¿Ha rechazado la crítica de algún libro?

No me parece mal el crítico que apuesta por un autor y lo sigue con constancia por creerlo alguien que merece que se llame la atención del público. Fue ejemplar el seguimiento que hizo Clarín de Galdós, y la publicidad que le hacía por considerarlo la máxima expresión y la más oportuna de la novela de su tiempo y para evitar que quedara a la par o por debajo de autores de menor valía. Estaría bien que uno pudiera escribir siempre de lo que le parece mejor. Pero considero una obligación dar cuenta de lo que va saliendo. Me parece inexcusable asumir los desiguales niveles de las novedades literarias. Es casi como un principio al que me someto voluntariamente. Aunque, para mí, las reseñas más desagradables no son las de los libros que me parecen desacertados sino las de los libros anodinos, esas obras que no son buenas ni malas sino todo lo contrario; que uno no puede ni aplaudirlas ni condenarlas. Se me suele notar que las solvento con el oficio y que hago una faena de aliño. Y sí, a pesar de ese principio, he rechazado más de una vez, aunque no muchas, criticar algunos libros. Sobre todo cuando no siento la suficiente independencia para decir libremente lo que pienso, a favor o en contra.

Las relaciones entre críticos y escritores es otro foco de curiosidad. ¿Cómo funciona esta relación en su caso? ¿Cree que existe incompatibilidad entre el ejercicio crítico y la relación personal con los autores?

No participo en tertulias ni pertenezco a ninguna clase de grupo, así que mi trato con autores no es de capillas. Además, llevo una vida un tanto anacoreta. Pero sí trato más o menos esporádica y circunstancialmente a buen número de autores, y con algunos, pocos, tengo relación amistosa. Estas relaciones dificultan la exposición clara de una opinión. Y no hablo de compadreo sino de que el afecto, la simpatía o la antipatía mediatizan la opinión. No me parece incompatible, pero tampoco muy aconsejable. Y, desde luego, me parece negativo el trato asiduo y generalizado de críticos y autores.

¿Ante la obra de un escritor novel cuál cree que debe ser la actitud del crítico?

Menudean los tópicos al respecto y existen hasta taxonomías sobre el trato que debe darse a un autor según su edad y grado de reconocimiento. El trato, pienso, ha de ser el mismo al novel que al veterano. Decía antes que la crítica ha de dirigirse al público, no al autor. Y añado que me molesta la actitud de maestro ciruela. Quizás con el novel pueda admitirse alguna concesión a este respecto. No está mal que se le adviertan los riesgos que empañan su trabajo cara al futuro. Y la actitud más grata es la de celebrar el nacimiento de una voz cuajada o prometedora. Leo mucho a los jóvenes y nuevos y procuro hacer propaganda cuando encuentro alguno que merece la pena.


LA LITERATURA ESPAÑOLA HOY

Manuel Vázquez Montalbán aseguraba a mediados de los noventa que las tendencias de aquel momento estaban ya presentes en los últimos años del franquismo. ¿Está de acuerdo con este apunte? ¿Cree que es todavía aplicable a la literatura española del momento?

En esencia, estoy de acuerdo con Vázquez Montalbán. El franquismo acabó antes en las letras que en las instituciones. Desde mediados de los sesenta se produjo la ruptura con las imposiciones de todo tipo que había padecido la literatura desde la guerra. Fue el inicio de un proceso de normalización y modernización de la literatura, de una voluntad de escribir sin hipotecas. La mayor parte de las tendencias distintivas del cambio no han sobrevivido, sólo la obra en marcha de los autores de la generación de los amenes de la dictadura, la de los novísimos y antinovísimos. Desde los años 80 se ha impuesto una pluralidad, casi caos, de vías; han irrumpido otras orientaciones por completo ajenas a las que definieron la transición literaria y, además, un fenómeno in crescendo, la comercialidad intrínseca, ha marcado con fuerza nuestra literatura; o, mejor, la narrativa, que viene a ser hoy la única manifestación literaria de dimensión popular o general.

A menudo se señala que los autores que han encauzado unas trayectorias literarias más sólidas son autores que empezaron su producción literaria en los años setenta (Pombo, Marías, Vila-Matas, Mendoza, Luis Mateo Díez…) mientras que los escritores surgidos en los ochenta y noventa (Miñana, Alejandro Gándara, Llamazares, Muñoz Molina, García Sánchez…) han desarrollado trayectorias de un perfil más bajo. ¿Estaría de acuerdo con esta afirmación?

Esa impresión la puede producir el hecho de que los primeros tienen una obra más amplia. Para una valoración de este tipo habrá que esperar a ver qué siguen haciendo los segundos. Por otra parte, no creo que pueda decirse que Muñoz Molina o Belén Gopegui, Ovejero o Menéndez Salmón tienen perfil bajo.

En los últimos diez años se podría destacar la aparición de la literatura norteamericana como referente directo en algunos autores (Loriga, Eduardo Lago, Fernández Mallo y la llamada Generación Nocilla…) ¿Qué opinión tiene sobre esta influencia? ¿Es la cultura globalizada un riesgo para las literaturas nacionales vertebradas desde hacer varios siglos?

La influencia norteamericana es anterior. Sorprende ver el peso que, en sentidos muy distintos, tuvo Faulkner en los oscuros y autárquicos años cuarenta. Y en el decenio siguiente, los jóvenes de entonces tuvieron muy presentes a los autores de la generación perdida, aparte, claro, de italianos y franceses. No creo que se trate de un impacto de la cultura globalizada. Me parece un caso de sustitución de referentes extranjeros causado por el decaimiento de algunas culturas nacionales europeas que vienen padeciendo un largo periodo de atonía. La novela americana ha sido más atrevida y creativa, ha desplazado en buena medida a la inglesa, francesa, italiana y alemana en los últimos tiempos. Por otra parte, en las influencias también hay fenómenos de moda. Ha ocurrido con el influjo de cierta narrativa centroeuropea densa bien poco común con nuestras formas habituales, más realistas y directas.

Por último nos gustaría que nos definiera a modo de fotografía el momento actual de la narrativa española, alguna recomendación, autores…

Es complicado hacer una fotografía de la actualidad y que dentro de ella entren los rasgos definidores, cantidad, variedad y algo de epigonismo. Hay, me parece evidente, un contraste enorme entre la novela de consumo y la novela creativa. Hay, también, una inquietud por el futuro del género, o, mejor, por las peculiaridades que ha de tener la novela para que sea actual, para que se inserte en la sociedad de Internet, de los blogs, del video clip, del fanzine... Veo como una incertidumbre, en los autores más atentos, sobre qué hacer en la disyuntiva actual, a un lado una novela que se siente antigua y no termina de convencer y en el contrario otra innovadora que no acaba de definirse. Si dejo fuera a los autores con obra casi cerrada o los ya plenamente reconocidos (Esther Tusquets o Marsé y los algo posteriores Luis Mateo Díez, Merino, Mendoza, Vila Matas), las recomendaciones son muy arriesgadas y corren el riesgo de injustos olvidos. Recomiendo algún medio olvidado a pesar de la categoría de su obra: Juan Eduardo Zúñiga o Antonio Rabinad. Más conocido pero no lo que merece, Rafael Chirbes. Y más jóvenes, Ovejero, Gopegui o Isaac Rosa. Pero no se tomen como la lista de un canon. Son algunos nombres que me salen a bote pronto.

Un abrazo, Santos, y mil gracias por su colaboración. Estamos encantados con ella.

(Entrevista publicada en el número 7 de Paralelo Sur: Barcelona, diciembre de 2009)

sábado, 2 de enero de 2010

LA CRÍTICA LITERARIA ( I ) : ENTREVISTA A JUAN ANTONIO MASOLIVER RÓDENAS



(Entrevista publicada en el número 7 de la revista Paralelo Sur; Barcelona, diciembre de 2009) de Fernando Clemot


SOBRE CRÍTICA LITERARIA EN PRENSA

Poeta, ensayista, novelista, crítico literario. Parece que pocos aspectos de la vida literaria han quedado ajenos su trayectoria, pero si tuviera que definirse con una única de ellas ¿con cuál de todas estas facetas se quedaría?


No es lo mismo “con cuál me quedaría” que cuál se impone. Para bien y para mal la que se impone es la de crítico, por los años que llevo ejerciendo, por lo que he ido aprendiendo del oficio, por la relativa independencia –y digo relativa por que las presiones son enormes- y, bueno, porque los escritores leen a los críticos pero no se leen entre ellos. ¿Con cuál me quedaría? No creo que nadie pueda obligarme a quedarme con una, pero de todos modos me considero por encima de todo poeta y creo que todo lo que leo y escribo se ve enriquecido por mi experiencia como poeta.


· Siento repetir la pregunta pero la considero importante: ¿cuál cree que es el papel que debe ejercer la crítica literaria en prensa en la actualidad?


Es importante distinguir entre prensa, revistas culturales y revistas académicas y especializadas. En prensa (en la actualidad y antes de la actualidad, o sea, siempre) el crítico ha de saber informar, aunque sea mínimamente, sobre el autor, explicar en qué consiste el libro, situarlo en el contexto de su obra y de la época, señalar los aspectos originales y sus límites y recomendar o no la obra, olvidándose, si es posible, de las presiones del autor, del editor o del propio suplemento. Ha de que dejar claro, aunque no se diga de forma explícta, a qué tipo de lector se dirige y, aunque el lector ha de adivinar y aceptar nuestros gustos, nosotros no podemos limitarnos a lo que nos gusta sino a lo que puede gustar a otro tipo de lector. A mí, por principio, no me interesan los bestsellers, pero sé que unos son más buenos que otros y que interesan a muchos lectores.


· Muchas veces nos quedan en el recuerdo las cronologías de escritores, de novelas, los movimientos aunque no solemos recordar tanto de la crítica. Usted ha ejercido como crítico en prensa durante las cuatro últimas décadas ¿Nos podría desarrollar una breve cronología ilustrada de la crítica literaria en prensa en las últimas décadas?


No, no podría. Puedo señalar a algunos críticos que he leído con interés a lo largo de los años, que son muchos pero no tantos como tiene el planeta; los míos puedo contarlos y los del planeta no. Me eduqué en la crítica de mi tío Juan Ramón Masoliver, con el que viví durante muchos años, y de él aprendí lo importante que es tener una formación de humanista, de conocer otras culturas y otras lenguas, de ser sobre todo lector de poesía, y tantas otras virtudes, aunque no comparto su barroquismo: el crítico, por encima de todo, ha de comunicar, sin perder por ello su rigor ni su riqueza expresiva. Leía siempre a Antonio Vilanova en las páginas de Destino. La suya era una crítica meticulosa, atenta tanto a lo nacional como a lo extranjero, especialmente lo francés, lo italiano y lo norteamericano, y era un profundo conocedor, como pude comprobar cuando lo tuve de profesor en la Universidad de Barcelona, de la literatura clásica. Sus clases sobre novela picaresca eran magistrales. El Rafael Conte de Informaciones y, durante algunos años, de El País, fue el primero en inaugurar una crítica moderna adaptada a los nuevos tiempos, en encontrar un equilibrio entre conocimiento crítico y periodismo. Era un excelente comunicador. Luego se tomó en serio lo del poder y se volvió algo trapacero. Un talento malgastado. Me sieguen interesando sus críticas sobre literatura francesa. Nadie podrá negarle su pasión por la literatura.

Ignacio Echevarría, al igual que en sus tiempos Conte, ha sabido crear una crítica para una nuevo tipo de lector, el nacido en la democracia. Es inteligente, tiene garra escribiendo, se ha interesado por autores no necesariamente conocidos pero de gran valor. Le mata su arrogancia y su exhibicionismo. Su ferocidad ha sido muchas veces innecesaria. Se ha ensañado con autores noveles y, por razones creo que personales,. con autores respetables. No ha sido tan consecuente a la hora de juzgar a amigos suyos. Respeto y hasta admiro al crítico genuino y no me interesa nada el exhibicionista. Finalmente, dentro de la crítica actual, aprecio especialmente a José María Pozuelo Yvancos y me identifico con él. Solemos coincidir en nuestros gustos y disgustos y es crítico riguroso pero sin ensañamiento. Por supuesto hay muchos otros críticos que leo con interés, y en contra de lo que se dice por decir, amantes como somos de los tópicos, el nivel medio de la crítica española es bueno, muchas veces más bueno que los medios que la acogen. Por supuesto, estoy hablando siempre de crítica de novela. La poesía tiene hoy excelentes críticos que son o no son excelentes poetas.


· ¿Cree que la crítica española está en un buen momento? ¿Qué defectos, virtudes o características cree que la diferencian de otras críticas literarias nacionales?


En parte ya lo he contestado con la pregunta anterior. La crítica está en un buen momento, los suplementos literarios no tanto. Tal vez falte una formación más amplia, un conocimiento de otras literaturas y de otros críticos. Yo aprendí mucho del pragmatismo de la crítica inglesa, más atenta a informar sobre la obra que a hacer exhibiciones de talento. En general, la crítica francesa me resulta indigesta, pedante y llena de estilo. La italiana está a nuestro nivel. La más fiable es la norteamericana, en la que es frecuente el crítico que es al mismo tiempo creador y que habla desde el interior del oficio.


* Quizá uno de los acontecimientos que más han dado que hablar en los últimos años ha sido el llamado “caso Echevarría”, en el año 2004. ¿Nos podría dar alguna opinión sobre el mismo?


Del crítico Echevarría ya se ha hablado. El “caso Echevarría” es otra cosa, porque nos afecta a todos. Un periódico no tiene que boicotear o expulsar de sus páginas a un crítico por sus ideas, sobre todo si son las mismas que tuvo cuando le contrataron (en el caso de que tuviese un contrato; ésa esta otra historia más turbia). Por lo que afecta personalmente a él, lo más grave es que la represalia vino porque se criticaba a un escritor “de la casa” e, igualmente grave, el periódico estuvo utilizando a Echevarría, jaleando su mala leche y su indefensible y hasta inmoral postura de “yo a este escritor me lo cargo”. Bernardo Atxaga es un buen escritor y no se merecía el palo, pero esto no da derecho a castigar al crítico. De ser así, somos varios los críticos que habríamos sido ya encarcelados. Resumen: Echevarría escribió una crítica a mi parecer no sólo injusta sino insultante e injuriosa. La querella era pues entre Atxaga y Echevarría. La indignación, por parte de muchos lectores. Pero más grave es la actitud del periódico que le castigó y que le castigó por cosas por las que antes había sido premiado. Que un periódico nacido con la democracia acuda a la censura, es alarmante.


· ¿Podría recordarnos algún momento del que se sienta especialmente orgulloso o considere destacable de su trayectoria como crítico?


Es muy fácil pensar bien de uno mismo (no tanto como para cegarnos a la hora de escribir: el sentido autocrítico es fundamental). Me siento relativamente orgulloso de haber insistido en el valor de autores como Mariano Antolín Rato, Enrique Vila-Matas, Bolaño, y, aunque no lo necesitaba, Javier Marías, y de interesarme por autores jóvenes o desconocidos. De mi interés, cuando interesaba a muy pocos críticos, por la literatura latinoamericana. También de no haberme limitado a la novela (no escribo más sobre poesía porque no es lo que piden los suplementos, que se deben a sus lectores) ni a la literatura española. Y, finalmente, de no “envejecer” como crítico. He aprendido y sigo aprendiendo a ser igualmente exigente pero más ecuánime, más comunicativo y más “creativo”. Y no pierdo la pasión por la crítica ni por las opiniones ajenas.


SOBRE LITERATURA ESPAÑOLA


· Nos gustaría que nos trazara un cuadro o fotografía fija del actual momento de la literatura española.


De nuevo, creo que estáis pidiendo demasiado. Una fotografía sería un fichero, y desde mis años universitarios detesto los ficheros . Tenemos la suerte de que el marco narrativo es, cronológicamente, muy amplio.

Desde Ana MaríaMatute, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo o Juan Marsé a los más jóvenes, pasando por la “generación” más visible, la de los Marías, Vila-Matas y tantos otros. Lo que más celebro es la diversidad y la independencia de la mayoría de los escritores, cada día menos esclavos de los grupos y las etiquetas generacionales. Creo que no están saliendo grandes autores, pero el nivel medio es alto. Lamento el excesivo y mal digerido interés por la literatura extranjera en detrimento de la tradición nacional y el desconocimiento de los clásicos. Un cuadro bastante completo de la escritura de los escritores de la transición a nuestros días está ya en mis Voces contemporáneas, publicado en 2004.


* En su trayectoria destaca el peso y la relación que ha tenido con el ámbito anglosajón (fue lector en el Trinity College y durante muchos años ejerció cargos en el Instituto de España en Londres) por lo que creemos que su opinión es importante conocer su opinión sobre asunto... ¿Qué opina del peso que empieza a ejercer la literatura norteamericana en la literatura española? ¿Están amenazadas las literaturas nacionales en un mundo globalizado?


Fui lector en Trinity Collage y durante muchos años fui catedrático de literatura española y latinoamericana en la Universidad de Westminster, de Londres. Viví dos años en Dublín, he pasado frecuentes y largas temporadas en Italia, he visitado regularmente París y he residido durante treinta y cinco años en Londres. He escrito esporádicamente reseñas para el Higher Educational Supplement y, más regularmente, para la desaparecida revista South.. Todo esto me ha permitido ampliar mi visión de la cultura y de las artes. Pero no me siento ni “global”, ni “internacional” ni español. Soy de los lugares en los que viví, entre ellos, por supuesto, la ciudad de Barcelona y El Masnou o, si se prefiere, el Maresme.

El mundo globalizado existe sólo en algunos terrenos y de una forma clara, como estamos viendo, en la economía, pero no en literatura. No sabemos nada de las literaturas asiáticas o africanas, con excepción de los escasos autores que impone el mercado; ni siquiera conocemos las literaturas extranjeras mejor de lo que se conocían antes. El conocimiento de otras literaturas es saludable, mientras no se convierta, como he señalado al principio, en imitación. La influencia norteamericana hace años que existe. Novelistas como Faulkner, Hemingway, Steinbeck, etc. tuvieron una fuerte presencia en los escritores de la década de los sesenta. Baste pensar en un libro como Las afueras, para mí de lo mejor de Luis Goytisolo. Luego vino el realismo sucio alentado por Ray Loriga o el realismo salvaje de algunos narradores actuales. Y está también la influencia todavía más poderosa del cine. Menos peso han tenido los escritores ingleses, con excepción de los de los angry young men o jóvenes airados. Creo que la literatura es ahora menos mimética. En un tiempo contaron escritores franceses, sobre todo los de la école du regard o escuela de la mirada, italianos como Pavese o Pratolini y, más tarde, Calvino, aunque tal vez a través de Borges. Y está, claro, la presencia mucho más visibles de los latinoamericanos, facilitada por el hecho de tener una lengua común, un dato importante en un país con un conocimiento tan pobre de la otras lenguas.


· Domingo Ródenas nos señala que en muchos autores jóvenes se “se echa de menos mayor conciencia respecto al instrumento verbal”( Ínsula. Núm 724: abril de 2007) ¿Se escribe mal? ¿Está de acuerdo con esta afirmación? ¿Tiene alguna apreciación que hacer sobre ella?


Creo que no es lo mismo tener poca conciencia respecto al instrumento verbal que escribir mal. ¿Qué significa escribir mal? Dostoiesvki escribía mal y, si me apuráis, Juan Marsé, por suerte para todos nosotros, “escribe mal”, es decir, no escribe como Delibes o Luis Mateo Díez; de otro modo sería ya de la Real Academia, o no lo sería porque es lo último que él quisiera y lo último que le deseamos todos; o tendría el premio Cervantes, algo que hay que ser muy rico para despreciarlo. Pero coincido con Ródenas y no sólo por parte del apellido. No es que se escriba mal sino que hay pobreza expresiva y esto se debe a una falta de lectura de los clásicos, y por clásicos incluyo a los narradores de la primera mitad del siglo XX. Y se lee de forma dispersa. La lectura, para un escritor, no es sólo un placer sino también una disciplina.


SOBRE LITERATURA CATALANA


· Este número 7 de la revista Paralelo Sur tiene un dossier dedicado a la literatura catalana. ¿Como definiría el momento actual de esta literatura? ¿Considera que hay un desconocimiento de ella en el resto del Estado?


No leo demasiado a los narradores catalanes actuales, con excepciones, como Robert Saladrigas, Valentí Puig, Quim Monzó, Sergi Pamies, Miquel de Palol y pocos más. Por leerlos quiero decir frecuentarlos lo suficiente como para arriesgarme a dar una opinión. Pero si no los frecuento es porque los que leo, con excepción de los mencionados, no me estimulan. No es el mejor momento para la literatura catalana, incluso en poesía, que cuenta con muy buenos poetas pero escasos. No veo un sólido cuerpo narrativo o poético, y creo que esta es la razón por la que se la conozca poco. Es difícil exportar a escritores aislados.


· Quisiera ser exacto en la anécdota... En cierta conferencia el poeta Enric Sòria, para definir a la crítica literaria catalana, puso el ejemplo del violinista en el ghetto de Varsovia al que nadie le decía que desafinaba por la situación provisional y de penuria en que vivían... Anécdotas aparte aunque en relación a la anécdota, ¿cree que existe una cierta complacencia en la crítica literaria catalana?


Lamentablemente no sólo en literatura. Pero desde luego es cierto que hay complacencia en nuestros críticos, parecería que criticar a nuestros escritores es equivalga a ser menos catalán. Ser catalán se ha convertido no en una naturaleza sino en una causa, y las causas llevan al peor nacionalismo y a la falta de crítica. Lo que necesitamos son grandes escritores, no grandes causas. Y no deja de ser triste que en momentos de mayor libertad el lenguaje de la mayoría de los que escriben en catalán sea muy pobre o, peor, artificial. Poco dado a la nostalgia como soy, tenemos derecho a añorar los tiempos de Josep Pla, Mercedes Rodoreda, Pere Calders o Joan Perucho, de J.V. Foix, Joan, Carles Riba, Joan Vinyoli o Salvador Espriu. Situación provisional, ¿en qué sentido? Como país podríamos estar todavía mejor, pero estamos mucho mejor que hace treinta y cinco años. La penuria editorial es bien visible. Creo que no hay una verdadera dinámica creadora, y gran parte de la culpa es nuestra, empezando por los políticos y los gestores culturales. No sólo hay que ser catalán. Hay que saber serlo. No sólo hay que escribir en catalán. Hay que saber escribirlo.


Un abrazo y mil gracias por la entrevista.